Erase una vez una familia en la que el paso del
tiempo determinó que había que cambiar de vehículo(s). Apoyados en una
medida gubernamental, se encuentran con que hay una ayuda para cambiar
el coche "familiar" (hace diez años que la familia no se sube al
completo en él) el "utilitario" (hace cinco años que el utilitario pasa
de cien caballos para moverse por la ciudad) el scooter del chiquillo
(su Vespa es un clásico, pero ya no es "molona", es un trasto de
casposos añorantes de los mods) y un scooter de cincuenta para la niña
para que vaya al instituto con su falda tableteada de género escocés.
Llegados a este punto cada uno de ellos se moviliza hasta el
concesionario correspondiente a escoger lo que cada uno de ellos ya
tenía en mente. Prudencio se decide por un BMW serie cinco con 17
airbags, cambio secuencial, piel, madera alfombras de lana y doscientos
caballos no sea que no pueda adelantar a un tedei con la subsiguiente
pérdida de status que eso supone (chusma del gasoil. Aggg!!!). Aurora
tiene en mente un Mercedes clase A muy coqueto que le ha visto a Pitita
en el club de pádel. Le gusta porque es automático y aunque anda menos
que su actual Clio, lo prefiere porque ¿para que un tercer pedal si con
dos es suficiente? (Ese pedal y los tacones son incompatibles). Borja ha
decidido que el sccoter "nunca mais". "Eso es una moto para viejos y
puretas, yo quiero una Honda ceberre, no me parece muy cara y se adapta a
mis necesidades" Puri ha escogido una Aerox aconsejada por Jonatan, el
rollito con el que practica sexo seguro en la actualidad (toca-toca
furtivo en el portal y la carbonera de casa del Jonatan. "Tiene unas
manos que te cagas" cuenta a sus amigas). Entre pitos y flautas, las
ayudas del gobierno ascienden a dos mil euros a la familia de Prudencio.
Felicidad en la finca en la que viven, el contable de la constructora se
encargará de maquillar que esos vehículos van a nombre de la empresa
constructora de Prudencio.
Pedro es albañil, oficial de primera, veinte años cotizados a la Seguridad Social. Nunca ha podido escamotear ni un euro de su nómina a Hacienda. Su Renault veintiuno se cae a pedazos pero no le preocupa. Hace dos años que está en el paro. Don Prudencio le dijo que su empresa pasaba apuros y tenía que prescindir de él. Desde hace dos meses tiene problemas para hacer la compra. La última semana del mes va a un comedor social para que sus hijos puedan seguir comiendo en casa (le falta un año para acabar de pagar la hipoteca del piso que le compró a Don Prudencio) Lee en el periódico que se subvenciona la compra de vehículos con dinero de los impuestos de su nómina, mira a su triste plato del comedor social y se caga en la puta madre de los que se compran un vehículo nuevo.
Pedro es albañil, oficial de primera, veinte años cotizados a la Seguridad Social. Nunca ha podido escamotear ni un euro de su nómina a Hacienda. Su Renault veintiuno se cae a pedazos pero no le preocupa. Hace dos años que está en el paro. Don Prudencio le dijo que su empresa pasaba apuros y tenía que prescindir de él. Desde hace dos meses tiene problemas para hacer la compra. La última semana del mes va a un comedor social para que sus hijos puedan seguir comiendo en casa (le falta un año para acabar de pagar la hipoteca del piso que le compró a Don Prudencio) Lee en el periódico que se subvenciona la compra de vehículos con dinero de los impuestos de su nómina, mira a su triste plato del comedor social y se caga en la puta madre de los que se compran un vehículo nuevo.
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