jueves, 7 de febrero de 2013

Desolado.

Desolado. No cabía otra palabra. La veía ¿distante? y por más que lo intentaba, no era capaz de arrancarle una palabra.

- ¿Que te pasa?
- No lo sé.
- ¿Te encuentras mal?
- No, estoy apática.
- ¿Por qué?
- No lo sé.
- ¿Te puedo invitar a un café?
- No tengo ganas de salir.
- ¿Te hago un café en tu casa?
- No tengo ganas de ver a nadie.
- ¿Y si te preparo un baño y te hago la cama? ¿Aceptarías una tele siesta?
- ¿Tele siesta?
- Como la tele pizza, pero sin pizza.
- Me voy a quedar en el sofá acurrucada.
- Está bien, te dejo tranquila dulces sueños

Colgó. Se sintió inútil y encendió un cigarro.

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