Al aparcar, descubrí una belleza que
hacía tiempo que daba por perdida en un desguace, aquella Vespa. No
una Vespa o el modelo (150 Sport) si no aquella Vespa en concreto,
reconocí la matrícula. Y era curioso, porque tenía los colores de
origen, granate y beige, a diferencia de la última vez que la vi,
pintada en rosa a spray. Era una restauración en toda regla, excepto
por dos detalles: todos los embellecedores de serie habían sido
cambiados por otros hechos a mano (como no podía ser de otra forma
en un trabajo tan esmerado como aquel) y el asiento corrido había
sido sustituido por un monoposto de cuero rematado con dobles
costuras y muelles y un porta equipajes abatible con un ingenioso
sistema de bisagras vistas muy elegantes. Nada desentonaba en aquel
trabajo. Asentí aprobatoriamente, era un modelo que cada vez que lo
veía, me recordaba a Aurora y aquella carrera desde El Jardín hasta
Cimadevilla hacía 24 años. No me entretuve más, tenía que
entregar un curriculum y la oficina de la empresa de trabajo temporal
estaba al borde del horario del cierre.
Había ajetreo, todos estaban atareados
y una de las empleadas me preguntó que deseaba:
-Quisiera entregar un curriculum.
-No podemos atenderle en este instante,
tome asiento, le atenderá la gerente.
Lucía, así señalaba el cartel que
tenía sobre su mesa, descolgó el teléfono y se comunicó a través
de él. Apagué el teléfono móvil, hace feo que suene en una
entrevista. Tras una breve conversación, me indicó una puerta
cerrada con un letrero que rezaba AURORA DEL RIO. Me sorprendí,
evidentemente no era una coincidencia, aquel nombre y aquella moto
iban juntas de la mano y entonces la imagen de Aurora se hizo vívida.
Mis nudillos a modo de picaporte
hicieron sonar la puerta y girando el pomo, la imagen que tenía en
mente de Aurora se materializó:
-Pase, tome asiento.
Y la voz, claro está. El tiempo no
pasa en balde, pero en ella parecía haberse detenido, muy pocas
arrugas (aparte de las gestuales) marcaban su cara, todo el exotismo
de su pálida piel seguía ahí, el fuego de su lacia melena peliroja
recogida en un moño aún quemaba la vista y el esmeralda de sus ojos
todavía transmitía enigmática tranquilidad. Seguía siendo el
espejo de Irlanda. Yo sin embargo, estaba un poco más baqueteado:
Alopecia, entrado en kilos, gafas, barba...
-Venía a entregar un curriculum.
-¿Actividad?
-Metal.
Tomó el curriculum en sus manos y en
una furtiva mirada pude ver como su pulgar derecho frotaba la cara
interna de su anular derecho, un reluciente anillo de plata con un
acabado envejecido y esmalte vitrificado con forma de libélula en el
dedo corazón y una impecable manicura francesa. Alzó la cabeza y
preguntó:
-¿Interpretación de planos?
-Si.
Parecía no haberme reconocido, al fin
y al cabo, tampoco era yo un tipo especialmente atractivo en mi
juventud. Siguió leyendo mientras me fijaba más en ella. Vestía
traje chaqueta de color granate con raya diplomática, su camisa,
blanca impecable, estaba adornada por botones en forma de cereza. Que
el imperativo laboral determinase el traje, no significaba que ella
fuera a renunciar a detalles como los botones o el anillo con la
libélula. Sin levantar la mirada del curriculum, volvió a inquirir:
-¿Soldadura continua?
-Sí
-¿Backing?
-Sí
El descaro me pudo, en sus orejas
llevaba unos pendientes también con adornos vitrificados, una
mariposa en el derecho y una abeja en el izquierdo y el cuello a la
vista... Siempre me gustaron los moños, son tan obscenos. O tal vez
fuera por aquella carrera.
Se trataba de llegar antes que el
resto, claro, pero los rivales eran duros a priori. Los gallitos de
clase tenían motos nuevas regaladas por haber aprobado el curso y
era la fiesta de despedida, fin de ciclo. El hijo de la anterior
alcaldesa tenía una Derbi FD y sus dos amiguitos de correrías
tenían una Honda NSR y una Honda MBX. Había un par de Vespinos
trucados y en medio de aquella jauría, la Vespa 150S era una rara
avis.
-¿Aluminio?
-No.
El caso es que todos llevaban
acompañante excepto Aurora y yo estaba en la parada del autobús
cuando pasaron. Ella se paró y me dijo:
-Sube.
Dudé lo justo, sin darme cuenta del
momento en que me senté. Sin casco ninguno de los dos, eran otros
tiempos.
-Agárrate con todas tus fuerzas al
asiento y pégate a mi. -Ordenó.
Y aquella Vespa voló, no solo porque
Aurora conocía el camino mejor que el resto, si no porque la moto
la ponía a punto su padre y era sabedor de todos los entresijos
por los que discurría la gasolina, como ninguno de los gallitos que
iban en cabeza, cuando me subí a aquella culona de color rosa,
podían imaginar. En menos de un minuto los vespinos fueron carne de
hienas y al poco, la Derbi y las dos Hondas aparecieron en el punto
de mira de Aurora. Todos los que rondéis la cuarentena, o la
sobrepaséis, sabéis lo que pasa si vais en moto sin casco. Para
los que no, habéis de saber que el aire en los ojos provoca lloro
incontenible. Si sois el conductor de una Vespa, no hay nada que
podáis hacer, si sois el pasajero, podéis refugiaros en el breve
paravientos que la cabeza del conductor ofrece. Y así lo hice, aquel
desnudo cuello fue mi aliado el resto de la carrera.
Movió los pies bajo la mesa de su
despacho. La sobriedad del traje chaqueta era una fachada salpicada
por unos botines verdes de tacón bajo, sobre los que asomaban unos
calcetines azules con un estampado de huellas de perro de color
naranja.
Los gallitos escucharon el PA PA PA
PA PA PA del motor de la Vespa, porque giraron la cabeza cuando nos
acercamos a ellos. En la curva del puente del Piles, en el último
momento, Aurora frenó con fuerza y redujo una marcha manteniendo el
gas alto, no es la mejor moto para entrar como una loca en una zona
virada, pero eso no fue problema para Aurora. Y tampoco lo fue decir:
-No te asustes, ahora vamos a ir rápido
¿Rápido? ¿Acaso íbamos al tran tran
y yo no me había enterado?
Efectivamente, el paseo del muro con
una Vespa entre coches parece mucho más rápido que una recta con
curvas amplias despejada de tráfico, sobre todo si intentas llegar
antes que tres gallitos que defienden su honrilla con sus novias de
paquete. La MBX fue la primera en perder una posición, el hueco por
el que se intentó meter no era suficientemente amplio y la frenada
en el último momento lo hizo quedar atrás frente a Aurora, que vio
un hueco por el lado derecho del coche. Naturalmente el conductor se
desfogó con el claxon. Solo quedaban dos y el siguiente semáforo
puso a la NSR en su sitio, pero no a Aurora, que vio hueco entre los
peatones e hizo un paso franco.
-¿TIG?
-Sí
-¿Acero inoxidable?.
-Sí
-Con la FD no vamos a poder, se mueve
mucho mejor -Le dije.
-Tiene ruedas de tacos y tras el
martillo del muro, el asfalto es cristal.
Estaba mucho más concentrada en lo que
hacía de lo que yo me imaginaba. Los coches, en pleno
embotellamiento, eran cómplices nuestros, estaban pegados a la linea
divisoria de los dos carriles y dejaban una autopista libre a su
derecha por la que discurríamos a una velocidad fantástica mientras
la FDR zigzagueaba perdiendo terreno. Y de repente la carrera se
terminó, un 131 abrió una puerta y el gallito y su gallina se
vieron frenados bruscamente. Aurora redujo su marcha hasta que nos
pusimos a su altura, se detuvo. No pareció haber pasado nada aparte
de una horquilla doblada y una puerta fuera de su sitio, tan siquiera
fueron descabalgados de su montura. Aurora arrancó y se desvió
lejos del desaguisado.
-Sin cascos y después de todo este
alboroto será mejor que nos vayamos, es más...
Detuvo la moto cerca de la acera.
-...sería conveniente que te bajaras.
Bajé de la moto, me temblaban las
piernas, me acerqué a ella, era la primera vez que besaba a una
chica, no me atreví y le dije:
-Ha sido muy emocionante, espero volver
a verte.
Hizo una mueca que no supe comprender y
me dijo:
-Hasta pronto.
Nunca más la volví a ver.
-¿Tubería?
-Sí
De repente me di cuenta de que algo no
iba bien, era perfectamente conocedora de mi trabajo, lo que yo había
indicado en mi curriculum no era suficientemente explícito como para
generar aquel tipo de preguntas
-Seguro que encontraremos algo para
usted.
-Muchísimas gracias, ha sido usted muy
amable, Aurora.
-De nada, Victor. En cuanto sepamos
algo se lo comunicaremos
Salí camino del aparcamiento y prendí
un cigarrillo, mis dedos tocaron el móvil en el bolsillo y lo
encendí.
1Mensaje recibido
Bandeja de entrada
No era un número de mi lista
Tengo una moto que necesita
restauración, trabajo de
soldadura y calderería.
PD. Debiste robarme aquel
beso, fuiste un gran pasajero
A lo mejor no estoy ni tan calvo ni tan
gordo ni paso tan desapercibido.