martes, 16 de octubre de 2012

Aurora


Al aparcar, descubrí una belleza que hacía tiempo que daba por perdida en un desguace, aquella Vespa. No una Vespa o el modelo (150 Sport) si no aquella Vespa en concreto, reconocí la matrícula. Y era curioso, porque tenía los colores de origen, granate y beige, a diferencia de la última vez que la vi, pintada en rosa a spray. Era una restauración en toda regla, excepto por dos detalles: todos los embellecedores de serie habían sido cambiados por otros hechos a mano (como no podía ser de otra forma en un trabajo tan esmerado como aquel) y el asiento corrido había sido sustituido por un monoposto de cuero rematado con dobles costuras y muelles y un porta equipajes abatible con un ingenioso sistema de bisagras vistas muy elegantes. Nada desentonaba en aquel trabajo. Asentí aprobatoriamente, era un modelo que cada vez que lo veía, me recordaba a Aurora y aquella carrera desde El Jardín hasta Cimadevilla hacía 24 años. No me entretuve más, tenía que entregar un curriculum y la oficina de la empresa de trabajo temporal estaba al borde del horario del cierre.

Había ajetreo, todos estaban atareados y una de las empleadas me preguntó que deseaba:
-Quisiera entregar un curriculum.
-No podemos atenderle en este instante, tome asiento, le atenderá la gerente.
Lucía, así señalaba el cartel que tenía sobre su mesa, descolgó el teléfono y se comunicó a través de él. Apagué el teléfono móvil, hace feo que suene en una entrevista. Tras una breve conversación, me indicó una puerta cerrada con un letrero que rezaba AURORA DEL RIO. Me sorprendí, evidentemente no era una coincidencia, aquel nombre y aquella moto iban juntas de la mano y entonces la imagen de Aurora se hizo vívida.

Mis nudillos a modo de picaporte hicieron sonar la puerta y girando el pomo, la imagen que tenía en mente de Aurora se materializó:
-Pase, tome asiento.
Y la voz, claro está. El tiempo no pasa en balde, pero en ella parecía haberse detenido, muy pocas arrugas (aparte de las gestuales) marcaban su cara, todo el exotismo de su pálida piel seguía ahí, el fuego de su lacia melena peliroja recogida en un moño aún quemaba la vista y el esmeralda de sus ojos todavía transmitía enigmática tranquilidad. Seguía siendo el espejo de Irlanda. Yo sin embargo, estaba un poco más baqueteado: Alopecia, entrado en kilos, gafas, barba...
-Venía a entregar un curriculum.
-¿Actividad?
-Metal.
Tomó el curriculum en sus manos y en una furtiva mirada pude ver como su pulgar derecho frotaba la cara interna de su anular derecho, un reluciente anillo de plata con un acabado envejecido y esmalte vitrificado con forma de libélula en el dedo corazón y una impecable manicura francesa. Alzó la cabeza y preguntó:
-¿Interpretación de planos?
-Si.
Parecía no haberme reconocido, al fin y al cabo, tampoco era yo un tipo especialmente atractivo en mi juventud. Siguió leyendo mientras me fijaba más en ella. Vestía traje chaqueta de color granate con raya diplomática, su camisa, blanca impecable, estaba adornada por botones en forma de cereza. Que el imperativo laboral determinase el traje, no significaba que ella fuera a renunciar a detalles como los botones o el anillo con la libélula. Sin levantar la mirada del curriculum, volvió a inquirir:
-¿Soldadura continua?
-Sí
-¿Backing?
-Sí
El descaro me pudo, en sus orejas llevaba unos pendientes también con adornos vitrificados, una mariposa en el derecho y una abeja en el izquierdo y el cuello a la vista... Siempre me gustaron los moños, son tan obscenos. O tal vez fuera por aquella carrera.

Se trataba de llegar antes que el resto, claro, pero los rivales eran duros a priori. Los gallitos de clase tenían motos nuevas regaladas por haber aprobado el curso y era la fiesta de despedida, fin de ciclo. El hijo de la anterior alcaldesa tenía una Derbi FD y sus dos amiguitos de correrías tenían una Honda NSR y una Honda MBX. Había un par de Vespinos trucados y en medio de aquella jauría, la Vespa 150S era una rara avis.

-¿Aluminio?
-No.

El caso es que todos llevaban acompañante excepto Aurora y yo estaba en la parada del autobús cuando pasaron. Ella se paró y me dijo:
-Sube.
Dudé lo justo, sin darme cuenta del momento en que me senté. Sin casco ninguno de los dos, eran otros tiempos.
-Agárrate con todas tus fuerzas al asiento y pégate a mi. -Ordenó.
Y aquella Vespa voló, no solo porque Aurora conocía el camino mejor que el resto, si no porque la moto la ponía a punto su padre y era sabedor de todos los entresijos por los que discurría la gasolina, como ninguno de los gallitos que iban en cabeza, cuando me subí a aquella culona de color rosa, podían imaginar. En menos de un minuto los vespinos fueron carne de hienas y al poco, la Derbi y las dos Hondas aparecieron en el punto de mira de Aurora. Todos los que rondéis la cuarentena, o la sobrepaséis, sabéis lo que pasa si vais en moto sin casco. Para los que no, habéis de saber que el aire en los ojos provoca lloro incontenible. Si sois el conductor de una Vespa, no hay nada que podáis hacer, si sois el pasajero, podéis refugiaros en el breve paravientos que la cabeza del conductor ofrece. Y así lo hice, aquel desnudo cuello fue mi aliado el resto de la carrera.

Movió los pies bajo la mesa de su despacho. La sobriedad del traje chaqueta era una fachada salpicada por unos botines verdes de tacón bajo, sobre los que asomaban unos calcetines azules con un estampado de huellas de perro de color naranja.

Los gallitos escucharon el PA PA PA PA PA PA del motor de la Vespa, porque giraron la cabeza cuando nos acercamos a ellos. En la curva del puente del Piles, en el último momento, Aurora frenó con fuerza y redujo una marcha manteniendo el gas alto, no es la mejor moto para entrar como una loca en una zona virada, pero eso no fue problema para Aurora. Y tampoco lo fue decir:
-No te asustes, ahora vamos a ir rápido
¿Rápido? ¿Acaso íbamos al tran tran y yo no me había enterado?
Efectivamente, el paseo del muro con una Vespa entre coches parece mucho más rápido que una recta con curvas amplias despejada de tráfico, sobre todo si intentas llegar antes que tres gallitos que defienden su honrilla con sus novias de paquete. La MBX fue la primera en perder una posición, el hueco por el que se intentó meter no era suficientemente amplio y la frenada en el último momento lo hizo quedar atrás frente a Aurora, que vio un hueco por el lado derecho del coche. Naturalmente el conductor se desfogó con el claxon. Solo quedaban dos y el siguiente semáforo puso a la NSR en su sitio, pero no a Aurora, que vio hueco entre los peatones e hizo un paso franco.

-¿TIG?
-Sí
-¿Acero inoxidable?.
-Sí

-Con la FD no vamos a poder, se mueve mucho mejor -Le dije.
-Tiene ruedas de tacos y tras el martillo del muro, el asfalto es cristal.
Estaba mucho más concentrada en lo que hacía de lo que yo me imaginaba. Los coches, en pleno embotellamiento, eran cómplices nuestros, estaban pegados a la linea divisoria de los dos carriles y dejaban una autopista libre a su derecha por la que discurríamos a una velocidad fantástica mientras la FDR zigzagueaba perdiendo terreno. Y de repente la carrera se terminó, un 131 abrió una puerta y el gallito y su gallina se vieron frenados bruscamente. Aurora redujo su marcha hasta que nos pusimos a su altura, se detuvo. No pareció haber pasado nada aparte de una horquilla doblada y una puerta fuera de su sitio, tan siquiera fueron descabalgados de su montura. Aurora arrancó y se desvió lejos del desaguisado.
-Sin cascos y después de todo este alboroto será mejor que nos vayamos, es más...
Detuvo la moto cerca de la acera.
-...sería conveniente que te bajaras.
Bajé de la moto, me temblaban las piernas, me acerqué a ella, era la primera vez que besaba a una chica, no me atreví y le dije:
-Ha sido muy emocionante, espero volver a verte.
Hizo una mueca que no supe comprender y me dijo:
-Hasta pronto.
Nunca más la volví a ver.

-¿Tubería?
-Sí
De repente me di cuenta de que algo no iba bien, era perfectamente conocedora de mi trabajo, lo que yo había indicado en mi curriculum no era suficientemente explícito como para generar aquel tipo de preguntas
-Seguro que encontraremos algo para usted.
-Muchísimas gracias, ha sido usted muy amable, Aurora.
-De nada, Victor. En cuanto sepamos algo se lo comunicaremos
Salí camino del aparcamiento y prendí un cigarrillo, mis dedos tocaron el móvil en el bolsillo y lo encendí. 

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No era un número de mi lista

                   Tengo una moto que necesita
                   restauración, trabajo de
                   soldadura y calderería.
                   PD. Debiste robarme aquel
                   beso, fuiste un gran pasajero

A lo mejor no estoy ni tan calvo ni tan gordo ni paso tan desapercibido.