La noche transcurría por la pendiente descendente de la escalera al
sótano de Baco. En uno de los rellanos, la puerta del bar estaba cerrada
y dentro yo tocaba en el bajo (con más ganas que pericia) wicked game
de chris isaak. Sonó la puerta y el chigrero le pide a uno de los
parroquianos que abra la puerta mientras sigue cantando y tocando la
guitarra. Entra parte de la pandilla de los jueves y al acabar el tema y
tras los aplausos y besamanos protocolarios, dicen que iban a llamarme
para hacernos unos largos en la piscina de cerveza. Bueno, les llevaba
ventaja, no siempre hay sincronía. Así que empieza el rondo de temas y
botellas de estrella de Galicia (tengo boicoteada a la Mahou). Y cuando
el afinado, los dedos y las conversaciones se empiezan a trastabillar,
mi oreja capta:
-...el mes que viene quiero ir caminando con mochila
a...-. El espíritu de Baco me impulsa a interrumpir:
-El camino De
Santiago en bici, presupuesto diario de 5€.
-Yo no tengo bici.
-Yo te
presto una.
Ya no había vuelta atrás, la semilla del viaje había sido plantada.
Ya no había vuelta atrás, la semilla del viaje había sido plantada.