Las orejas abiertas en la barra del bar
-Pues sí, acampados en la orilla de un pantano en Cáceres, Gabriel y
Galán se llama. Y mientras los colegas se iban de excursión a ver
árboles y bichos, yo me quedé en la tienda acampado, pero como hacía
tanto calor, no me quedó más remedio que bañarme, porque en esa tierra
hace un calor de la ostia, tío. Y no es que yo tenga nada contra
del calor, pero es que hace un calor de la ostia. Y me metí en el agua y
al lado de donde me bañaba había un par de alemanes que viajaban en
furgo y se buscaban la vida vendiendo pizzas, como el pizza móvil pero
de los picapiedra. Que yo no tengo nada en contra de los jipis ni los
alemanes, pero era como los picapiedra. Y la hija de los dos estaba muy
buena, así como las alemanas de las pelis porno alemanas, rubias y con
pelambrera en el sobaco y el potorro. Que yo no tengo nada en contra de
los pelos en el sobaco y el potorro, pero era como en las pelis porno
alemanas. La chorba se metió en el agua en pelotas, tío que si mi novia
se baña en pelotas, yo me mosqueo mogollón. Que yo no tengo nada en
contra de que la gente se bañe en pelotas, pero me mosqueo. Y se me puso
dura y claro, me la tuve que machacar. Y después de un rato de darme
zambombazos debajo del agua, solté un corridón, que ríete tú de Nacho
Vidal. Bueno, no tanto, pero cuando estaba saliendo metí la cabeza para
mirar y parecía mogollón. Tío, ¿tú crees que se podrá haber quedado
preñada por un corridón submarino a distancia? es que me da palo pensar
que una jipi alemana piense que está preñada por ciencia infusa y que
haya un Rafita con mis ojos por ahí en una furgo, viendo como los
abuelos hacen pizza y chupándole las tetas a una alemana con el sobaco y
el potorro peludo.
Terminé la cerveza y salí, al otro no lo veía yo preparado para dar una respuesta a la altura de la pregunta.