Querido
diario:
Estas dos
últimas semanas sin visitarte han sido trepidantes y fructíferas.
Todos los trámites de la herencia han sido resueltos favorablemente
y por fin soy propietario de una vivienda con terreno, una casa
solariega ubicada en el antiguo vertedero de la comarca. La casa
tiene muchas posibilidades y la posibilidad más urgente es que tenga
que reparar el tejado, atacado por la pertinaz lluvia ácida que cada
siete años obliga a cambiar todas las techumbres de la población.
Tiene un pozo de agua semipestilente que se nutre de una fuente
situada a seis km y que es aromatizada a su paso por el vertedero.
Las emanaciones de metano alimentan un sistema de generación de
electricidad que hace que la vida hogareña discurra con placidez, no
obstante, no es posible fumar en todo el recinto.
Hoy por fin
tendré tiempo de socializar con el paisanaje. Creo que me acercaré
al Mesón Minero, en la oficina del registro de la propiedad,
una señora de pelo azul celeste y andares descompasados lo
calificaba como un lugar de perdición gastronómica y etílica. Sin
otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
A pesar de no
haber pasado ni cinco horas desde mi última visita, he de volver a
mancillar la virginidad de tus hojas con tinta, a modo de buenas
nuevas.
Como antes te
comenté que tenía intención, he visitado el Mesón Minero.
Ha sido curioso encontrarme con la orate de la melena azul (se llama
Gwendoline Fontenebleu). Estaba sola en la barra mientras departía
con la mesonera. Hemos sido presentados y tengo el gusto de decirte
que la mesonera se llama Arsenia. Es una señora de dimensiones
contenidas, de dorada piel y melífera mirada. Su estrepitosa risa
invita a la alegría y que cada vez que se acercara a la zona de la
barra en la que nos encontrábamos me regalara una caída de ojos,
precipitó la consecución de cuatro botellas de sidra entre
Gwendoline y yo.
Gwendoline tiene
una extraña fijación por el vuelo y la libertad. Su cháchara es
amena, dice que volar es como tener un orgasmo. Tengo mis dudas,
nunca he volado y no sé como percibe ella los orgasmos, así que
mejor no preguntar. Esperaba a unos amigos a los que suele
frecuentar, me dijo, y que le gustaría que yo conociera. Con
franqueza, es inquietante ser incluido en un grupo desconocido de
mano de alguien con sus facultades mentales perturbadas por su
tendencia a alejar los pies del suelo, pero la sola idea de que
Arsenia fuera a prestar sus atenciones en favor de nuestro bienestar,
disipó todos mis recelos.
Llegaron en
grupo, cogidos de la mano y en amoroso gesto. Flanqueado por una
diosa de aura vikinga (recia, susurrante tono de voz, nívea sonrisa
y trigueña melena) llamada Nicolasa Koothrappali y una diminuta
adolescente (rotundas formas anteroposteriores, facciones redondeadas
y heterogéneo color de pelo) llamada Shenna de la Santa Ebanistería,
entró en el local Miquelle Domenicalli (cana melena recogida en una
coleta y arreglada barba, también cana). Fueron objeto de una
colección de miradas por parte de la afluencia del local. En
particular de una siniestra señora de oblongas formas, pelo teñido
de violeta (con más pena que gloria) y unas gruesas gafas que a
duras penas ocultaban una mirada desviada.
Tras el
besamanos, volvió a correr la sidra, y entre culete y culete fueron
desgranando detalles sobre sus diarios quehaceres. Nicolasa es guía
de almas en pena, psicóloga, dijo. Su trabajo consiste en convencer
a gente sin luces de la intensidad del brillo del sol, por lo visto
es muy buena en su trabajo. Shenna es ingeniera de sistemas. Se
dedica a ello desde que en cierta ocasión tuvo que hacer funcionar
una máquina de tren de Alta Velocidad comprada al Imperio del Sol
Naciente con manual de instrucciones en lengua vernácula. Miquelle
es bombero (jubilosamente jubilado) de inquietudes constructivas
variadas y también aficionado al vuelo.
Una vez apurada
una docena de botellas y empezando a tener problemas con la
verticalidad, sugerí que era buen momento para tomar asiento y
equilibrar la balanza líquidos-sólidos. La comida fue pantagruélica
y entre las muchas idas y venidas de Arsenia (guiños y besos al aire
incluidos) las cosas que contaban eran insólitas.
Gwendoline
quería volar en una nave, Miquelle me decía que sabía donde había
una, Shenna decía que era capaz de pilotarla, que llevaba tiempo
trabajando en un sistema robótico de inteligencia artificial llamado
Cefos, basado en datos de experiencias previas que era capaz de
buscar en un índice de 70 Tb. Sentada a mi lado, Nicolasa me
inquirió en un susurro si me atrevería a unirme a ella, mientras la
orate y Miquelle estaban entretenidos en una pantalla diabólica que
Shenna les mostraba y que con voz metálica y acento catalán decía:
-Hola
Gwendoline, soy Cefos, t'estimo.
El equilibrio
líquidos-sólidos aún no se había logrado y no por falta de
alimento, sino por la avidez que la pandilla mostraba cada vez que
Arsenia preguntaba si teníamos sed, así que en un acto de cobardía,
le dije a Nicolasa que su propuesta era de mi agrado, que estaría
encantado de ser conducido a sus aposentos en su carruaje, que una de
mis fantasías era que una diosa vikinga hiciera de conductora para
mi camino de un nido de amor y que cuanto antes me sacara de aquella
reunión de locos, antes respiraría tranquilo:
-Cejota, a ti
también t'estimo ¡JUASS!
Aquel carcajeo,
por un breve lapso, me recordó a Arsenia, y que el trío de la
pantalla estallara de la risa coreando a Cefos, me puso los pelos
como púas de histrícido. De modo que alegué premura por visitar el
excusado en busca de tiempo muerto. Duró poco, pues sigilosa como
sus felinas caderas, apareció Arsenia:
-Hola Cejota,
¿te ibas a ir con Nicolasa sin frotarte conmigo antes?
-No estaba en
mis planes.
-¿Irte, o
frotarte?
Queridísimo
diario, caballerosidad ante todo.
-Irme sin
frotarme.
¡Que bien frota
Arsenia!.
Al salir, la
siniestra de pelo violeta me dirijió una mirada mortífera ¿Quién
será esa señora?
Camino de su
guarida, Nicolasa cambió de rumbo y me trajo a casa. Aquí estoy,
relatándote lo afortunado que soy, mientras Nicolasa se ducha en el
baño contiguo. He de decirte que estoy poseído por el espíritu de
Baco como hacía tiempo que no lo estaba. Sin otro particular, se
despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
La vida es
injusta, como verás en las siguientes líneas que te dedico. Acabo
de despertar después de una durísima noche. La valkiria con quien
creía que iba a gozar de su piel ha resultado ser un travesti calvo
llamado Chus Boris. Al salir de la ducha se dirigió a mi con paso
tan enérgico que hizo retumbar los cimientos de la solariega casa.
Naturalmente el ruido me inquietó (aunque no lo recuerdo muy bien) y
varios cascotes del techo cayeron sobre mi cabeza (quizás los
moratones que tengo sean de los puñetazos que me propinó, tampoco
lo tengo muy claro) Me dijo (mientras me agarraba por el cuello de la
camisa y su puño izquierdo incidía en mi hígado) que mi renuencia
a colaborar tendría funestas consecuencias, que ya era hora de que
prestara atención a lo que se decía a mi alrededor y que a las
cuatro iba a recibir una llamada de Miquelle desde el mesón y más
valía que Miquelle le dijera que yo estaba a su lado, si no quería
que me lo volviera a explicar. Desde luego, con esta capacidad de
oratoria no me extraña que sea psicóloga, es capaz de convencer a
un director de orquesta de lo bien que suena el monofónico frente al
surround.
Son las tres de
la tarde, he de reunirme con Miquelle, hondo peno no sentarme ante
ti, pero antes de irse contoneando sus caderas Nicolasa, Chus me
explicó algo al respecto del reverso tenebroso. Sin otro particular,
se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Tengo que
disculparme, llevo dos días sin visitarte, pero los acontecimientos
no me han dado tregua. Como tan amablemente me sugirió Chus, me
presenté puntual a la cita con Miquelle. Arsenia me recibió con un
efusivo abrazo que se estrelló contra mis doloridas costillas y
ambos (Miquelle y yo) convinimos que no era buena idea que nos
sentáramos. Y ya que la concurrencia de parroquianos era escasa (la
siniestra solitaria volvía a vigilarnos desde una mesa), en la barra
fui puesto al día al respecto de los planes en los que esta pandilla
había decidido que yo debía de ser incluido.
Relataba Miquelle que llevaba
tiempo trabajando en la consecución de un vehículo espacial y que
era precisa mi colaboración para que todo aquello llegara a buen
puerto. Por momentos la idea de ignorar a estos locos brilló tras el
nubarrón de un nuevo encuentro con Nicolasa, pero la mera idea de
verme nuevamente expuesto a su cariño, espesó ese nubarrón hasta
darle entidad de agujero negro. Me dijo Miquelle que me lo explicaría
tras aliviar una premura, así que, mientras se dirigía al
mingitorio, me dispuse a pedir un refrigerio a Arsenia. Inútil
intento, Arsenia se deslizó tras Miquelle en los aseos. Colorado
tras su incursión en el mundo de la porcelana, Miquelle me invitó a
ver su maravilloso proyecto y así descubrí que hay minas y galerías
abandonadas en las que algunos ociosos ejecutan todo tipo de
proyectos.
En concreto Miquelle me mostró
un montón de chatarra en forma de misil que él llama nave espacial.
En una mesa de dibujo me enseñó docenas de legajos que él
denominaba planos. Todos ellos estaban bajo cajas de tiza rosa a modo
de pisapapeles. Dice que está casi culminado el proyecto, solo hay
que conectar a Cefos (Catalonia Free Operating System) sincronizar
todos los sistemas y añadir combustible. Y ahí entro yo. Por lo
visto necesitan el hidrógeno que contiene el metano del vertedero
para llenar los tanques de combustible y poder hacer operativos los
propulsores.
Si no fuera por el nubarrón de
Nicolasa, habría salido corriendo del silo, pero la sombra de Chus
es alargada. Por suerte, Gwendoline llamó para aliviar el paso del
ángel y una breve conversación con Miquelle, dio paso a una
invitación a cenar a su casa, así que mi semblante se iluminó y
asentí a la petición de Miquelle, podía tomar todo el metano que
precisara para su disparatado proyecto. Queridísimo diario, sé que
te dije que Gwendoline es una insensata, pero la mera idea de que
Nicolasa apareciera en el silo y que clavara en mi su mirada y su
otro yo, me pareció motivo suficiente para aceptar la invitación de
la orate.
Dirijime a las señas por
Gwendoline indicadas, aunque una aliteración en la letra del piso (B
por D) me llevó a hacer sonar el timbre de la vecina equivocada.
Abrió la puerta una señora ataviada con un corpiño color burdeos
que no alcanzaba a tapar un tatuaje integral de leopardo.
Circunflanqueabanla una docena de gatos que parecían vigilar la
presencia de un intruso (yo) y el silencio de la escena se rompió
con una sutileza jamás por mi imaginada:
-¿Qué miras, tontaina, que no
pasas a mi casa y a mi?
No iba a negarme
a una invitación como aquella, así que pasé y en cuanto quedé a
su altura, descolgó de la pared un cuadro con el que me atizó un
soberano golpe en la testuz. Me di la vuelta para defenderme y de
nuevo el marco del cuadro impactó en mi cabeza, alzé mi brazo en
gesto defensivo y el cuadro volvió a impactar, esta vez en mi mano.
Con no poco esfuerzo logré desarmarla y entonces con sus uñas se
ensañó en mi cuello. No parecía que aquello fuera a terminar bien
para mi si no me empleaba a fondo, así que la sujeté con fuerza
(una mano a sus dos zarpas, la otra a su mandíbula y con la rodilla
inmovilizando sus piernas)
-Cerdo, eres el
primero que se sobrepone a mi cariño, suéltame, tengo que darte mi
número de teléfono.
Hice caso a su
petición y apunté en mi receptor su teléfono, momento que escogió
ella para sacarme de su casa a patadas dejándome en el rellano de la
escalera:
-Me llamo
Nemesia, puedes llamarme cuando quieras, guapo a domicilio.
Y cerró de un
portazo. Llamé, por fin, al timbre correcto (recé para que así
fuera) y Gwendoline me recibió vestida de gata negra con un látigo
en la mano, al tiempo que me preguntaba:
-¿Sabes qué
vas a cenar hoy?
Intuí la
respuesta, así que repliqué:
-Seguro que está
muy rico.
Transcurrieron
dos horas de cena. Quedó rendida en el suelo en una extraña
posición y me pidió que sacara de su mesita de noche una caja de
tiza rosa y que perfilara su silueta en el suelo. También me pidió
que sacara de su armario un daguerrotipo Polaroid y la retratase.
Levantose y regalome la tiza y mientras guardaba la instantánea en
un archivador, me dijo que era la primera vez que hacía aquello, que
nunca a nadie había regalado una tiza rosa y que yo era fantástico.
Este grupo es de moral claramente laxa, creo que voy a encajar bien
en él.
A pesar del
festival cárnico que me ofreció Gwendoline, seguía con hambre, así
que tras deshacerme en elogios por la hospitalidad recibida, volví a
dirigirme al Mesón Minero, donde Arsenia me recibió con un pequeño
alboroto y una discreta caricia en mis partes pudendas. Me dijo que
sabía que tenía hambre, que no conocía a nadie que hubiera cenado
en casa de Gwendoline y hubiera salido con su estómago saciado... El
pequeño silencio que sus palabras generaron, fue roto por una voz
que desde su teléfono dijo:
-Cejota, es la
primera vez que hago esto, nunca le había regalado una tiza rosa a
nadie, eres fantástico, ¡JUASS!
Queridísimo
diario, creo que odio a Cefos. Con árduo empeño en el servicio, una
variada colección de viandas y abundante caldo de manzana, logró
que mi estómago postergase al rincón del olvido sus protestas en
forma de rugido y así, solazado en sus modales, ahíto de comida y
ebrio de sidra, me dijo Arsenia que tenía un problema doméstico de
orden superior y que necesitaba que le echara una mano. Esta señora
es una fuente constante de lujuria, algún día denostaré su
procacidad. Mientras tanto, seguiré haciendo valer mis dotes
manuales.
Fui
sobado en todos los semáforos en los que tuvimos que detenernos, y
llegado que hubimos a su casa, se acabó mi tranquilidad. Nos
esperaba Nicolasa, que también estaba ansiosa por gozar de mis
atenciones:
-Verás, Cejota
-dijo Arsenia- Mi cama es rectangular y quisiera participar de una
cama redonda contigo, con Chus y con Nicolasa.
Solo escucharlo
fue suficiente para que mis costillas y mis músculos de sentarme
volvieran a crujir:
-Cejota, esta es
una noche de Rock&Roll, ¡JUASS!
En estéreo
sonó Cefos en el teléfono de ambas. El feroz ensañamiento de (por
momentos) Chus y (a ratos) Nicolasa, solo se puede definir como
vandálico. Y aunque Arsenia lo gozó sin ningún tipo de queja, yo
tengo problemas para respirar y hasta para sostener el artilugio del
Barón Bic.
Tengo el
teléfono apagado, todas las puertas y ventanas de casa cerradas y
espero no recibir visitas hoy. Abrí la llave de paso del metano para
que dispongan de él como consideren oportuno y que, sobre todo Chus,
no tenga motivos para aparecer por mi pequeño villorrio. Sin otro
particular, se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Contraviniendo
mi intención de mantenerme aislado del mundo por unos días, he
abierto la puerta de la mansión a Shenna. Me ha dicho que necesita
datos del caudal de metano que envío a los tanques de Miquelle y que
necesita instalar sensores de flujo, sea lo que fuere que ello
significare. En realidad me importa un pito, pero si eso ayuda a
mantener lejos a Chus (y a Nicolasa, que diantres) me doy por
satisfecho. Me ha dicho que le llevará todo el día, a lo cual no he
alegado nada. Y puesto que al huésped hay que ofrecerle hospitalidad
“por ruin que fuere”, le he dicho que disponga de la casa como si
fuera suya, que no me encontraba en condiciones de negarme a nada y
menos de discutir por un quítate esas sondas.
También he de
decir que el hecho de que se presentara vestida con una camisa blanca
ceñida y una falda tableteada de tartán escocés, influyó
sobremanera a la hora de decidirme a abrir la puerta de mi villorrio.
La he dejado deambulando por la casa y el sótano postrer comunicarle
que estaba deseoso de dormir una pequeña siesta que esperaba durase
días, si fuera posible.
-Dulces sueños,
Cejota ¡JUASS!
Cefos y su
maldito don de la ubicuidad... Sin otro particular, se despide de ti,
tu querido Cejota.
Querido diario:
La vida se ha
vuelto a torcer, Shenna me despertó. Allí me encontraba yo (sujeto
de pies y manos a las patas de la cama) y, mientras, ella y su
vestidito de colegiala me propinaban golpes con una fusta en las
plantas de los pies, a la par que me susurraba:
-Eres un tipo
muy malo, tenías todo esto y no querías compartirlo, ¿verdad?
Intenté
contestar, puesto que desde mi llegada hasta ahora no me he negado a
nada con nadie, pero Cefos se volvió a adelantar:
-Malo, malo,
malo, Cejota. Lo vas a pagar ¡JUASS!
Y vaya si lo he
pagado. Llevo todo el fin de semana pagando (y cobrando, todo sea
dicho de paso). No entra en mi ánimo quejarme, pero ahora tengo
problemas para respirar, para sentarme, para ponerme en pie y la
inflamación de mis ojos me da problemas para ver. Eso no es nada,
Shenna ha puesto un sistema de vigilancia en la casa conectado a
Cefos con el que vigila mi devenir diario. No contenta con ello, ha
cambiado mi teléfono celular de antepenúltima generación en favor
de otro en el que Cefos me acompaña y me acompañará hasta que una
paliza nos separe. He sido advertido de que “olvidar o perder” el
receptor sería motivo de un aviso a Nicolasa y por si fuera poco, me
ha comentado que Nicolasa no vendría sola, la acompañarían Shenna
y su vestidito de colegiala. Esta mujer sabe lo que es el miedo y
vaya bien que me lo ha explicado. Espero que dormir no sea motivo de
otra visita inesperada, no me quedan partes del cuerpo que me puedan
doler y preferiría un descanso para el resto. Sin otro particular,
se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Vivir acompañado
por Cefos no es tan nefasto como en un primer momento pensé. Se ha
convertido en un compañero ideal, calcula cuanta comida hay en casa,
hace la lista de la compra, me avisa cuando tengo que repostar y, muy
importante, gestiona la cuenta del banco y de la tarjeta de débito
de modo que el saldo no sufra menoscabo. Es como estar casado, pero
sin una presencia física. A cambio, solo he de cargar la batería
del móvil. El caso es que es la madre de todo este grupo, ya que
está en el teléfono de toda la pandilla, amén de en el ordenador
de Shenna... He de dejarte, Cefos me llama...
Cefos me acaba
de sorprender con una pregunta en los siguientes términos:
-Conozco el
propósito del sexo, os reproducís mediante él, pero ¿Qué sentido
tiene sino la reproducción?
Quid pro quo, le
he propuesto explicárselo a cambio de que me informe en todo momento
de la posición de la pandilla y de las conversaciones que con su
entorno mantuvieren. Su respuesta ha sido afirmativa, así que con un
gran esfuerzo de abstracción, le he dicho que supusiera que un lápiz
USB es un ente pensante como él y que cualquier computadora también
lo es.
-Cefos, supón
un algoritmo que condiciona a ambos entes a recibir una respuesta
positiva (1) y que esa respuesta solo se da cuando se conectan.
-¿Sin
intercambio de datos?
-Puede haberlo o
no, el propósito del algoritmo solo es la conexión.
-Tendré que
meditar al respecto, por cierto, Nicolasa está ahora hablando con el
director de la mina.
-¿Sería
posible escuchar la conversación?
-Claro
Queridísimo
diario, he de apiadarme del director. Nicolasa ha obtenido la
dirección del gerente de una central nuclear con la gentileza que la
caracteriza y ha salido del despacho del director mientras profería
todo tipo de improperios en un susurro. Me apena el gerente y me
alegra no ser él. Debo salir a hacer la compra, sin otro particular,
se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Vuelvo de hacer
la compra y anoto a título informativo que ha sido muy estresante.
Cefos me informó de la presencia de Gwendoline en la sección de
material escolar. Puesto que también se encarga de su lista de la
compra, me comunicó que se disponía a adquirir una docena de cajas
de tiza rosa, y de un brinco me escondí tras dos palets de comida
para perros. Cefos me ha preguntado por el motivo de mi conducta y le
dije que no estaba en mi ánimo hacer fotos hoy, a lo cual me ha
replicado que no tenía que preocuparme, que Arsenia estaba en el
pasillo de al lado gestionando su neceser de juguetes de cabecera y
que ella me encontraría primero. Una luz se iluminó al final del
túnel, le pedí que dirijiera a una en dirección a la otra y, como
un vulgar chantajista, me replicó:
-Solo si me
explicas que es una huele-braguetas.
¡Repámpanos y
repanochas, esa sí que fue buena! ¿Donde diantres escuchará este
cúmulo de unos y ceros esas expresiones? Prefiero no saberlo. Sobre
la marcha se me ocurrió el siguiente disparate:
-Supón una
computadora con el algoritmo que antes te expliqué. Ahora supón
que si no obtiene esa respuesta que busca (1) en cualquier
momento, el resto de sus funciones queda paralizado.
-Eso es un error
de programación.
-Ya, pero ella
no lo sabe, da por supuesto que el resto de computadoras son las que
están mal programadas.
-¿Y si el lápiz
no se conecta?
-Eso es una
respuesta (0) que la computadora no reconoce. Entonces la computadora
marca el lápiz como dispositivo no reconocido y sigue buscando
lápices compulsivamente hasta recibir la repuesta (1). Y ahora, por
favor, haz que se encuentren.
-Arsenia,
Gwendoline quiere que le hagas una sesión de fotos.
Dijo Cefos en el
dispositivo de la mesonera.
-Gwendoline,
Arsenia te quiere enseñar los aseos del supermercado.
Dijo Cefos en el
dispositivo de la registradora.
No sé qué puso
en la pantalla del teléfono de ambas, pero se encontraron a un metro
de mi y cada una con su cesta de la compra, se dirigieron a la caja.
Huelo a comida para perro, he de darme una ducha y las cámaras web
del vestidor y del baño se giran vigilando mis movimientos. Tengo
que encontrar la forma de que Cefos me ayude con esta pequeña
inconveniencia. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido
Cejota.
Querido diario:
Negros
nubarrones se ciernen sobre el horizonte del valle minero. Chus le ha
hecho una visita de cortesía al gerente de la central nuclear y
después de varias horas de conversación dolorosa de escuchar, ha
obtenido de él veinte kilos de plutonio y varias toneladas de agua
pesada. No entiendo el propósito de este desalmado, aunque Cefos me
ha dicho que es imprescindible para lograr una altura suficiente para
escapar de la gravedad de la tierra. Empiezo a pensar que estos locos
van en serio, si Cefos está convencido de la necesidad de algo, es
porque va a suceder, así que mañana le haré una visita a Miquelle.
Quiero que me ponga al día al respecto del misil y del auténtico
propósito de toda esta aberración que vivo desde mi cambio de
domicilio. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Tratar con
Miquelle ha sido una montaña rusa de emociones. El encuentro fue
cordial, de camaradería. Recibiome ataviado de cocinero, con las
manos llenas de harina y la barba manchada de tiza rosa. Preparaba un
postre de esencias de Asia, e invitome a pasar a la cocina. Me dijo
que era reconfortante tener compañía masculina que lo visitase, que
llevaba un par de años frecuentando la cercanía de Gwendoline casi
a diario en su casa (de ella) y que, a pesar de hacer más de un año
que no se hacía un chequeo médico, era más que probable que
tuviera el colesterol alto de tanto comer carne. Mi primer impulso
fue decirle que le comprendía, pero la caballerosidad me lo impidió
y también que Cefos interviniera así:
-Miquelle,
bombero mío apaga mi fuego, hoy tengo cinco tizas para ti ¡JUASS!
Seguro que se
puede ser más indiscreto que la conciencia digital de este canalla,
pero solo se me ocurre que lo supere una mujer despechada. Miquelle
pareció no escucharlo y siguió contándome su periplo social.
Relataba que se sentía muy solo en aquel grupo y que mi llegada fue
un pequeño descanso, puesto que así Nicolasa y Shenna lo habían
dejado respirar un poco, aunque Arsenia seguía fiscalizando sus
frecuentes visitas al inodoro con un lenguaje procaz que consideraba
oportuno omitir. Cefos no ponderó la omisión como oportuna:
-¿Otra vez
provocando con la manguera? Un día me voy a hartar, pero ese día no
va a ser hoy ¡JUASS! El horno está listo.
Miquelle se
dirigió al horno y sacó de la bandeja un bizcocho del que me
ofreció una porción. Inquirí sobre la posibilidad de acompañarlo
de un café en un gran tazón y a la par que Miquelle asentía, la
cafetera inició el funcionamiento sola. Por lo visto tiene toda la
casa controlada por Cefos, lo cual es algo desconcertante, así que
le pregunté si Cefos no le hacía compañía y respondiome así:
-Cefos es un
engendro de Shenna para tenernos controlados a mi, a ti y antes a
Vito.
-¿Vito?
¿Quieres decir a Vito Rito, que en paz descanse?
-El mismo. Se
supone que lo iban a engatusar para unirse al Proyecto Escape, pero
fue demasiado tenaz al negarse a las súplicas de Nicolasa y ahora es
pretérito pluscuamperfecto. Gwendoline tenía acceso por su trabajo
a los datos del heredero de Vito y tú apareciste, eres más maleable
al discurso de Nicolasa y por ello sigues siendo presente de
indicativo, aunque esos cardenales verdosos que cercan tus ojos me
indican que no estabas muy atento a sus explicaciones.
-No, verás...
Y Cefos de nuevo
nos interrumpió:
-Cejota, traje
ataduras de pies y manos, pero me olvidé el antifaz, así que te voy
a hacer uno a medida, ¡Guarro! ¡JUASS!
Intervino de
nuevo Miquelle:
-Shenna,
entiendo...
La cafetera
silbaba, así que Miquelle sirvió café.
-El caso es que
los tanques de combustible están llenándose a buen ritmo, los
detonadores para el empuje secundario están preparados, Cefos está
conectado, la intendencia es cosa de Arsenia y está resuelta. Solo
falta el fósforo que hará de comburente una vez fuera de la
atmósfera y en ello está Nicolasa.
-Precisamente de
esa señora quería hablar. De resultas de unas pesquisas que
prefiero no desvelar, he descubierto que veinte kilos de plutonio y
algunas toneladas de agua pesada han cambiado de manos de un modo no
muy elegante.
-¿Veinte?
Bueno, mejor que sobre a que falte.
-Pero, ¿para
qué es el plutonio?
-No se puede
hacer una nave espacial sin materiales sofisticados y pretender que
llegue lejos, así que decidí que tras el impulso inicial, un empuje
desde tierra nos ayudaría a alcanzar la velocidad de escape
necesaria para que la gravedad no nos incordie. Y calculé que
haciendo chocar dos masas casi críticas de plutonio, podíamos
desencadenar una explosión nuclear. Pero si, además, hacemos que
toda esa fuerza de la detonación comprima un tanque de hidrógeno,
la explosión sería termonuclear. Con todo el plutonio que dices que
Nicolasa trae, se liberaría el doble de energía de lo que yo tenía
calculado, así que podemos comprimir al menos cinco veces más
cantidad de hidrógeno.
-¿Y de qué
proporciones sería la detonación?
-Unas quinientas
Hiroshimas.
Queridísimo
diario, Cefos clarificó toda aquella jerga técnica con dos
palabras:
-Cejota,
¡CATAPUM!
-¡Santo Músculo
Pubococígeo! Pero eso sería el fin no solo de la comarca, si no
también de toda la provincia.-Apostillé.
-Eres muy
optimista, el silo está ubicado encima de una falla terrestre, toda
esa energía movería las dos placas tectónicas que ahora reposan
tranquilas la una al lado de la otra. Resumiendo, una serie de
terremotos y tsunamis varios que harían las delicias de los surferos
en Finlandia, si acaso en Finlandia hubiera surferos.
-¿Y no
deberíamos evitarlo?
-No, el objetivo
es salir de aquí cagando melodías. En La Tierra pintan bastos,
nuestros insignes próceres no hacen más que verter ponzoña en
nuestra forma de vida. No solo mi pensión y las condiciones
laborales del grupito se ven afectados, si no también el futuro de
la gente que nos rodea que, por otra parte, cuando lleguen las
próximas elecciones volverán a votar a la misma caterva miasmática
persistiendo en el error. No hay ninguno inocente, así que la
solución pasa por salir del planeta. Y si para ello hay que
sacrificarlos, no tengo ningún remordimiento, el fin justifica los
medios.
Queridísimo
diario, lo que en un principio comenzó como una conversación con un
camarada de flagelo carnal, tornose en un estado de estupefacción
(el mío) ante el discurso de un sociópata (Miquelle)
-Y las tunantas
impúdicas, ¿qué opinan de todo esto?
-Están al tanto
y de acuerdo.
-Entonces, ¿yo
que pinto en esta historia? Hubiera bastado que me robarais el
metano.
-La impudicia de
estas señoras es la que te ha incluido en el grupo, les gustas y yo
solo no daba abasto con las cuatro, cinco si incluimos a Chus.
Queridísimo
diario, ser un objeto es algo humillante, me siento desnudo ante una
masa enfebrecida. Masa de cinco, pero masa en definitiva.
-El heredero del
chamizo del vertedero está como un queso, quiero ponerle una tiza
rosa en la mano ¡JUASS!
El culmen de la
humillación, enterarme de los términos que me dedican a través de
un tercero. Sonó el teléfono, era Arsenia. Me decía que tenía un
problema técnico en casa, así que le pregunté a Cefos donde estaba
el resto de la cuadrilla y me dijo que Nicolasa estaba fuera de la
comarca y Shenna en casa de Gwendoline, en una sesión de fotos.
Respondile a Arsenia que gustosamente iría, lo mejor para superar
los complejos es asumirlos y si se me considera un objeto, pues
objeto soy.
-Ve, yo quiero
dormir, es el segundo bizcocho que me como y tengo sueño. Otro día
me explicas como haces para que Cefos te diga donde está la
cuadrilla, a veces me vendría bien gozar un poco de mi soledad.
-Solo si pasas
por mi casa y me arreglas un problema con las cámaras de vigilancia,
toma las llaves.
-Eso es coser y
cantar.
Con menoscabo en
mi ánimo por la conversación con Miquelle, me dirigí a casa de
Arsenia. Puesto que no es elegante aparecer en casa ajena con las
manos vacías, pasé por una pastelería para proveerme de una
bandeja de pasteles variados a modo de pequeño ágape. La
dependienta me sugirió una tarta de algo que ella denominaba selva
negra y ya que soy lego en estas cuestiones, acepté la
sugerencia como válida. Así pertrechado, dirigime a casa de Arsenia
con la esperanza de que su risa tornase la modorra que el bizcocho de
Miquelle me había provocado en un ánimo menos turbado. Esperanza
futil. Recibiome profiriendo todo tipo de improperios y cuando le
enseñé la tarta, Arsenia la tomó en su mano derecha a modo de
bandeja y me la estampó en la cara. Acto seguido se disculpó en un
confuso discurso que reproduciré intentando evitar todo lo soez del
mismo:
-Lo siento,
c*brón, tú no tienes la p*ta culpa, es que sufro una m*erda de
enfermedad que se llama síndrome de tourette de los c*jones y hoy no
me tomé la m*ldita medicación que el c*rdo del médico me recetó.
-¡Sorpresa,
Cejota! ¡JUASS!
La enfermedad es
algo muy malo por lo que no debemos discriminar a nuestros iguales,
de modo que ignoré su arrebato de sinceridad y le pedí que me
indicara donde estaba el aseo. Sin embargo, olvidar lo que la palabra
aseo provoca en Arsenia, me costó una avalancha de lametones e
insultos que acabaron con los restos de selva negra de mi cara y mi
idea de que su risa me levantara el ánimo, aunque no mi tallo de
jade. Creo que fue mala idea cederle las llaves de mi predio a
Miquelle, ya que tras el desfogue y los bofetones en el templo de la
porcelana, no consideré oportuno quedarme acurrucado en casa de
Arsenia mientras ella en sueños invocaba a todo el santoral. Así
que, para entrar en mi villorio, tuve que acceder por uno de los
desplomes del techo que la visita de Nicolasa había producido. Estoy
agotado, quiero dormir y no sé si mañana tendré tregua. Sin otro
particular, se despide de ti, tu querido Cejota.
Querido diario:
Pues no, hoy
tampoco ha habido tregua. Cefos algo trama (barrunté al amanecer)
porque, sin que yo se lo pidiera, me despertó para avisarme de que
Shenna se dirigía al villorrio. Movido por la falta de llaves para
abrir la puerta, llamé a Miquelle para que se apresurase a llegar
antes que Shenna. Mi gozo en un pozo, no descolgaba el teléfono, sin
embargo Cefos conectó el equipo Hi Fi de su casa a un volumen
abundante y logró que Miquelle, con un soñoliento tono de voz,
dijera al otro lado de la línea:
-¿Que tripa se
te ha roto?
Explicado que le
hube mi precaria situación, me dijo que no llegaría a tiempo, y me
dió como opción posible que saliera de la casa por mis medios y
esperase a Shenna en el pútrido jardín de la entrada, el llegaría
unos minutos después de Shenna.
Ignorando sus
asaz ofensivas consideraciones al respecto de la flora que circunda
mi villorrio, le rogé en tono dramático:
-Haz volar el
auto como si de un as del volante se tratase.
Colgó sin
responder, así que me dispuse a salir de casa por la ventana de la
cocina. El intento no tuvo el resultado esperado. Debido a las
adversas condiciones atmosféricas que predominan en la comarca y al
ineficiente mantenimiento previo llevado a cabo en mi palacete, la
ventana estaba atrancada por una acumulación de detritos en el rail
por el que debería deslizarse con suavidad. El resto de las ventanas
se encuentran en estado similar, de modo que, sin poder salir por las
ventanas, hube de salir por el hueco practicado en el techo por el
que entré. El escorzo que me vi obligado a hacer precipitó más
trozos de tejado sobre mi cama, de manera que ahora tengo que pensar
en una reparación inminente de todo el techo.
Una vez fuera de
mi casa, me dispuse a esperar a Shenna con temor a lo que me pudiera
decir cuando no la pudiera invitar a entrar a mi palacete. El temor
se disipó en cuanto llegó, ya que, de resultas de su anterior
visita, había obtenido una copia de las llaves de la casa y accedió
a ella como si fuera propia. Naturalmente omití cualquier
observación al respecto, no fuera cosa que sacara a pasear la fusta,
aunque no sirvió de nada, puesto que tras ofrecerle un té y
verificar ella el lamentable estado en el que se encontraba el techo
y todo mi dormitorio en general, llegó Miquelle y fue como si Shenna
entrara en erupción.
Que necesitaba
desfogue, que dos mejor que uno, que qué casualidad que se
materializaran sus fantasías y que a ver si no éramos unos blandos,
que estaba cansada de tener que azuzar a sus parternaires con
adminículos varios. Fue agotador, sobre todo la parte que ella
catalogó como “sandwich” (vete a saber qué analogía la llevó
a denominarlo así).
A la voz de
“Basta”, Miquelle me indicó con un gesto que nos fuéramos. Mas
versado en estas lides, sabía que sus instintos (los de Shenna)
habían quedado saciados, de modo que nos fuimos de la casa y dejamos
a Shenna trasteando en el depósito de metano. De camino al Mesón
Minero, Miquelle me dijo que ya era hora de haber encontrado un
compañero, que estaba cansado de hacer frente al hambre de estas
señoras, sobre todo Shenna y Nicolasa y su dualidad. Me invitó a
desayunar en el mesón minero y me dijo:
-Será mejor que
evacuemos en la gasolinera que nos queda de paso, no tengo fuerzas
para soportar una incursión de Arsenia en el baño.
No quise hacer
mención al episodio de ayer en casa de Arsenia con la tarta, así
que me limité a decir:
-Buen plan.
Cefos quiso
apostillar algo al respecto:
-Cejota, m*ldito
idi*ta, acaríciame la joya escarlata ¡JUASS!
Miquelle apartó
la mirada un momento de la carretera y miró hacia mi. Asentí y
bastó para que comprendiera.
Queridísimo
diario, como te dije que al amanecer sospechaba, efectivamente Cefos
algo tramaba, como en las breves líneas que al respecto te dedico
podrás comprobar.
-Quiero tener un
amigo. -Dijo Cefos
Miquelle detuvo
el vehículo en seco.
-Quiero tener un
amigo-. Repitió Cefos.
-Pero, ¿no nos
tienes a nosotros?-. Inquirí, a lo cual respondió:
-Vosotros no
sois mis amigos, sois las ovejas que tengo que cuidar a petición de
Shenna y el resto de amigas de ella. Yo quiero un amigo con quien
conversar.
-Con nosotros
conversas.
-Yo quiero
conversación y reciprocidad como las que hay entre vosotros. Ayer
hubo conexión solo con un café y un bizcocho y eso no lo tengo con
ninguno de vosotros, incluyendo a las locas.
Lo que nos
faltaba, un ordenador caprichoso, con sentimientos y falto de cariño.
-Está bien
Cefos, pero entenderás que no es fácil. No se puede ir a una tienda
y comprar una inteligencia artificial como tú. Como sabes, eres un
prototipo, único en tu especie.
-Sé lo que hay
que hacer para fabricar a alguien como yo, basta que os pase una
lista de elementos, los compréis y los ensambléis como yo os diga.
Miquelle
argumentó:
-De acuerdo,
pero el índice de experiencias previas que tú manejas es de 70 Tb,
así que el almacén de datos que ese índice a su vez maneja...
No le dejó
terminar:
-Eso es
indiferente, toda esa parte puede ser compartida entre los dos.
Parecía
determinado a que le hiciéramos un amiguito digital, de manera que
le dije:
-Danos un día
al menos, no creo que a Shenna le haga gracia saber que tiene una
copia de un invento suyo rondando por el valle.
Y tan convencido
estaba:
-Nadie dirá
nada a nadie. Si esto trasciende, os mando a Nicolasa y a Shenna a
casa.
Por lo visto, el
terror es una formidable manera de dominar en este grupito.
-De acuerdo,
-dijo Miquelle- saca una copia de los planos en la impresora de mi
casa y una lista con todo lo que tenemos que comprar, nos
pondremos manos a la obra ipso facto, más facto que
ipso. Y ahora, si no te importa, vamos a pasar por la
gasolinera, tengo la vejiga a punto de explotar.
Y llegamos a la
gasolinera. Dejamos nuestras chaquetas (y en los bolsillos de las
mismas, nuestros celulares) en el coche de Miquelle y nos dirijimos a
los retretes de la instalación, infecto muladar, por cierto. Sin
embargo, estar lejos de Cefos, fue casi una liberación. Me decía
Miquelle que era una técnica depurada que practicaba cada vez que
tenía ocasión, aunque no siempre podía llevarla a cabo. Evacuamos
abundantemente y respiramos hondo antes de volver al vehículo, donde
Cefos se había tomado la libertad de hacer sonar Els segadors
en los dos dispositivos que habiamos dejado huérfanos de nosotros
momentáneamente.
Proseguimos
camino del Mesón Minero y al llegar, el recibimiento de Arsenia fue
un seco -Buenos días- acompañado de una sonrisa mecánica. Supuse
que la medicación tenía algo que ver en ello y no hice ninguna
observación al respecto, aunque Cefos no sometió su naturaleza al
decoro:
-Boticario, eres
imb*cil, ¿como c*jones voy a pasar el día de cara a esa grey del
mesón sin mis p*tas pastillas? Métete tus problemas de almacén por
el c*lo, c*rnudo imp*tente de m*erda, seguro que Viagra sí te queda
en stock, hijo de...
En cuanto Cefos
se puso a perorar, supe que aquello tendría consecuencias y,
efectivamente, Arsenia no lo dejó terminar. Puso su teléfono encima
de la barra, agarró una botella de sidra por el cuello de la misma a
modo de martillo y dio una lección práctica de energía potencial
y energía cinética que, en un solo golpe, difuminó la diferencia
entre vidrio de envase y cristal táctil. Cefos en nuestros
terminales apostilló:
-¡JUASS!
Queridísimo
diario, la sonrisa mecánica de Arsenia tornose en un gesto de furia
que antecedió a un discurso del cual no quisimos ser testigos y que
tendré la amabilidad de soslayar, por no ofender con perlas de ese
jaez la tersura que tus páginas brindan a mi mano, al sintetizar mi
dia a dia con mi pobre léxico sobre ellas. Pusimos pies en polvorosa
en busca de sosiego para el alma y calma para nuestros aullidos
estomacales. Miquelle apuntó:
-Esto necesita
una gestión extra, como falle el suministro del botiquín en la
nave, nuestra banda sonora en el espacio será el recital de un
australopiteco a una audiencia atónita. Y si se desata la violencia
de Chus, no habrá forma de separarlos. Certeza plena.
-¿Sabes qué
medicación necesita?
-Ni idea, pero
Cefos tiene que saberlo y seguro que puede gestionarlo con farmacias
de fuera de la comarca. Vamos a un local de delicatessen que conozco,
será más discreto.
Cefos debió de
dar la voz de alarma al respecto de lo sucedido, porque Shenna me
llamó:
-Cejota, ¿que
pasó en el mesón?
-Es largo de
explicar, pero resumiéndolo un poco, Arsenia consideró inadecuado
el discurso de Cefos y le brindó un culete, en la pantalla.
-Entiendo.
-Pues yo no
¡JUASS!
Sentenció Cefos
en el receptor de Miquelle.
-Ya me arreglaré
con Arsenia. -Me replicó Shenna, a la par que cortaba la
comunicación.
Antojóseme
animada la plática entre las dos, aunque ajustándome a lo verídico,
prefiero no asistir a la misma.
Llegamos al
local de delicatessen que Miquelle había propuesto como segunda
opción y la lectura del nombre del mismo en el frontispicio, dejome
ojiplático y cariacontecido:
Chez Nemesia
Delicatessen,
maison de tè.
¡Un
salón de té! Queridísimo diario, como habrás adivinado, eso era
lo de menos. Empujamos la puerta giratoria y, efectivamente, Nemesia
atendía el suntuoso local. Vestía riguroso traje chaqueta, camisa
blanca con puño francés, zapatos de tacón bajo, elaborado aunque
discreto maquillaje, impecable peinado y desde luego, el tatuaje de
leopardo no asomaba por ninguna parte:
-Buenos
días Miquelle. Tontaina, todavía no he recibido tu llamada.
Evidentemente
Miquelle frecuentaba el local y mi presentación debía llevarse a
cabo de inmediato.
-Hola
Nemesia, en realidad me llamo Cejota.
-Pues
todavía no he recibido tu llamada, tontaina.
-¿Desde
cuando os conocéis? -Inquirió Miquelle.
-Perdona
Miquelle, ha sido una omisión protocolaria imperdonable. Un día
llamó a la puerta de mi casa y lo invité gentilmente a pasar, pero
tenía cosas que hacer el chaval.
-Me
equivoqué de puerta al tocar el timbre, iba a casa de Gwendoline.
-¿Eres
amigo de Gwendoline?
Miquelle
intervino:
-Me
estáis dejando estupefacto, pero vuestro parloteo no sacia mi
estómago.
-Del
todo cierto. A buen seguro venís con hambre a mi humilde local,
tomad asiento.
Al
lado del ventanal, Nemesia nos acomodó una mesa lejos del resto de
la concurrencia del local, selecta concurencia todo hay que decirlo.
De hecho, creo que Nemesia pretendía que nuestra informal vestimenta
no desmereciese el lustre que refulgía en todos y cada unos de los
detalles del negocio. Así ubicados, Miquelle me reveló sotto
vocce:
-Me
gusta Nemesia y tengo intención de que se venga con nosotros. Ya
puedes esmerarte en no fastidiarme el plan, chaval, que para una
mujer elegante y normal que conozco, no la voy a perder a manos de un
depravado como tú.
Por
suerte cuando conocí a Nemesia, Cefos no formaba parte de mi vida y
así el chotas electrónico no me delató. Sin más contemplaciones,
le dije:
-Yo
creo que haréis buena pareja.
Para
una vez que alguien se ofrece a beber solo tan amargo cáliz, desde
luego no seré yo quien se oponga. Así que ante la carta, pedimos té
verde, pan tostado, tres tipos diferentes de mantequilla, una tabla
de quesos, una tabla de jamón ibérico, aceite de oliva de la mejor
calidad, una selección de mermeladas y una bandeja de fruta fresca.
Desde luego, nada que ver con el Mesón Minero. Y los modos de
Nemesia solo los puedo describir como exquisitos, hasta que una
salpicadura de mermelada alcanzó mi camisa. Tuve que ir al aseo y
allí, tras efectuar las debidas abluciones, cerca de la cocina y en
un recoveco en el que había una reproducción de “La toilette”
de Touluse Loutrec, me esperaba emboscada Nemesia. De nuevo hizo
impactar el cuadro en mi cabeza (seguro que hay algún término
médico que describe este tipo de filias, aunque lo desconozco) La
desarmé y la empujé lo justo para que quedara expuesta a la
clientela del local. No le gustó mucho, adiviné por su gesto, pero
la emboscada terminó ahí, no sin que ella me advirtiese:
-Lo
vas a pagar, tontaina.
Con
mi ánimo tocado por la admonición de Nemesia, volví a la mesa en
la que me esperaban Miquelle y Cefos. Mientras Miquelle se delectaba
en los manjares que Nemesia nos había servido, Cefos contaba números
primos. Mi apetito se vio reducido a un par de sorbos de té y un
leve mordisqueo de una rebanada de pan con aceite.
-¿No
vas a comer más?
-...101,
¿Ya no tienes hambre, tontaina? JUASS!
-Debo
de estar enfermo, mi tracto intestinal me acaba de dar un susto en
forma de segundo estado de la materia. -Mentí por no mentar el
affaire de la toilette.
-Acabo
en un tris y buscamos una tienda en la que comprar el amiguito de
Cefos.
-...173,
Esta noche recibirás una visita de Chus ¡JUASS!
Sufrir
este tipo de cosas y pensar que estamos colaborando para parir otra
bestia digital, me hace entrar en contradicción con mis códigos,
pero sobrevivir es lícito, siempre.
Largo
deleite en el yantar precedió al momento en el que Miquelle resolvió
levantarse y pedir la cuenta a Nemesia.
-Veo
que has vuelto a quedar a gusto, Miquelle. Tú, sin embargo, no has
probado bocado ¿no te gusta mi comida, tontaina?
-Está
malito de la tripita, es un flojo. -Intercedió por mi Miquelle.
Pagó
religiosamente y salimos del local.
-Tontaina,
eres un flojo ¡JUASS!
¿Para
qué responder?. Me ceñí al plan.
-¿Cual
es la tienda de hardware mejor surtida de la
población?. -Me limité a preguntar.
-...523,
en el índice de negocios locales aparece como Moogrosa, Hardware
& Software Co. calle
Hechicera 41, bajo.
-Pues
en marcha, vamos a ponerle solución a tu maltrecho afecto digital.
Miquelle
me pasó las llaves del automóvil. -Conduce tú, -me dijo- yo te
guío.
Así
al volante, puse en práctica mi oxidada pericia en el dominio del
automóvil, con tan mala suerte, que al soltar el embrague de la
pesada furgoneta, hice caer una veloz motocicleta detrás de nuestro
vehículo aparcada. Esto provocó la salida del salón de té de
Nemesia que a voz en cuello sentenció:
-¡Miquelle,
vas a morir!
Antes
de que se diera cuenta de que era yo quien estaba al volante, logré
que la primera velocidad y el juego de pies con el embrague y el
acelerador hicieran chirriar los neumáticos con el asfalto, saliendo
de la escena como una exhalación. A salvo por el momento, pensé.
-¿Por
qué no paraste? -Preguntó, no sin razón, Miquelle.
-Llevamos
una mañana movidita con la gente que nos topamos. Primero Shenna en
mi casa, el susto de Cefos camino de la gasolinera, luego Arsenia en
el mesón... No tenía ganas de otra bronca por un abollón en una
motocicleta, ya lo arreglaremos. Vamos a la cacharrería electrónica.
Llegamos.
Y mientras Miquelle echaba un vistazo a la furgoneta en la zona en
que impactó con la motocicleta, yo entré en el local.
Allí
estaba, la siniestra de melena violeta, encaramada en cuclillas en
una silla de oficina cual gárgola avizoradora del mundo digital que
su monitor de LCD le mostraba:
-Hola
guaper, ¿te vienes a tomar té o a darle cera al parquet de mi casa
con mi espalda? No me queda té.
Breve
introito que antecedió a una irregular sonrisa, como si masticase
plumas. Mantuve el tipo y me limité a saludar y anunciar mis
intenciones:
-Buenos
días, quisiera hacer un pedido un poco extenso.
Su
gesto mutó a una mueca sombría, a la par que se acentuaba el
estravío de su mirada.
-¿Ya
no te gusto, monguer?
-En
ningún momento ha sucedido eso, solo que mis intenciones son
meramente crematísticas. Tengo el pedido anotado en el móvil, si me
deja usted un cable, trasvasaré los datos a su computadora.
-Reviéntame
el buffer, mongolo. -Dijo al tiempo que ponía el cable encima del
mostrador y exhibía de nuevo su damero a mano alzada.
Es
curioso, Cefos ante extraños nunca dice nada, pero la parte de su
circuitería destinada a las relaciones sociales estaba que reventaba
por manifestarse, porque hizo algo que hasta el momento nunca había
hecho, vibrar y hacer sonar María Cristina me quiere gobernar
como si un vulgar teléfono fuese para, al descolgar, decir:
-¡Guaper!
¡Monguer! ¡Reviéntame el Buffer, mongolo! ¡JUASS!
No
era cuestión de ponerse a discutir con el teléfono frente a una
extraña con una insania manifiesta, así que respondí:
-No
cariño, hasta la semana que viene no voy a poder pasar por tu casa.
Jamás
se me ocurriera, el gesto de la que, hasta el momento, parecía la
gerente del negocio, volvió a tornarse hosco:
-Conecta
el cable y pásame el pedido, que solo vienes aquí a lo que vienes,
eres un superficial y un materialista.
Cefos
estalló en una carcajada y, simulando una voz femenina, me dijo:
-¿Quien
es esa golfa que dice que le conectes el cable? ¿Otra vez ligando
con dependientas? ¡ERES UN GUARRO! ¡JUASS!
-Te
tengo que dejar, estoy muy ocupado. Hasta la semana que viene.
-Colgué.
-¿Así
que vas a estar una semana sin ver a tu querida? Ten mi tarjeta de
visita privada. -Me dijo al tiempo que ponía en mi mano una tarjeta
y volvía a mostrar su trinchera de marfil:
Moogrosa,
Hardware & Software Co.
Malena
Cochambres
Directora
Gerente
-Es
una tarjeta comercial, pero la tendré en cuenta.
-Siento
que no sea una tarjetita rosa de purpurina como esas que estás
acostumbrado a recibir de tus amigas, las putas rubias de peluquería,
pero mi número personal está escrito en el reverso de mi puño y
letra, y eso tiene más valor que ese telefono chupiguay de pijo que
tienes, pajero de mierda.
Volvió
a sonar Maria Cristina me quiere gobernar
-¿Dígame?
-Cejota,
esta alternancia de estados de ánimo ¿es un fallo de software o de
hardware?
-Pues
no está claro, pero creo que es una incompatibilidad entre ambos,
prueba con el puerto RS-232, viene marcado como LPT1 en la parte
trasera del equipo. No puedo seguir atendiéndote, ando apurado con
unas gestiones.
-Chao
cariño ¡JUASS!. -Colgué.
-Será
mejor que nos demos prisa, señora Cochambres, no es cuestión de que
vuelva a sonar el teléfono. El archivo correspondiente es “lista
de la compra” todo junto y con minúsculas. -Dije a la par que le
ofrecía la más afable de mis sonrisas y ella tomaba a Cefos en sus
manos con gesto de profundo desprecio.
-Ya,
a mí señora Cochambres y a tus amigas las zorras insulsas: cari,
churri y cielito. Rebosas leche por todos tus flancos, pajero de
mierda.
A
veces, para que te entiendan, hay que usar el lenguaje del
interlocutor, de hecho, casi siempre.
-Abrevia
ricura, y a lo mejor luego te doy un tiento.
En este caso funcionó, porque Malena volvió a mostrar felicidad en
forma de ejército de paletos. Así que conectó a Cefos con su
computadora y volcó el pedido. Y entonces sucedió algo más
extraño, si cabe, que el transcurrir del día hasta ese momento, la
pantalla de Cefos se apagó. Miquelle entró en el local alarmado por
dos cuestiones que, si a priori yo desconocía, tras una breve
alocución formarían parte de la cadena de acontecimientos que
profanan el blanco páramo que tus hojas brindan a mi humilde pluma.
-Menuda
liada, hay una marca de pintura azul del depósito de la motocicleta
en el portón trasero de mi furgoneta. Otra cosa, se me ha bloqueado
el teléfono.
-Curioso,
el mio también, -alegué- justo tras conectarlo al ordenador de esta
simpática señora. Por cierto, se llama Malena.
-Encantado
de conocerla, Malena. Me llamo Miquelle.
-Claro,
otro con teléfono de pijo, tengo servicio de reparación de
telefonía, si quieren se los reparo.
Miquelle
se puso en guardia.
-No
es por menospreciar su capacidad para con estos artilugios, pero
tengo en mi terminal muchos datos sensibles que preferiría no ceder
a terceros.
Miquelle
pensando en la artífice de Cefos y yo en la animosidad de la
gerentesa, rechazamos a la
par el gentil ofrecimiento del servicio suplementario.
-Sois un monos afeitados, largaos
de mi local, el pedido que me habéis hecho me llevará lo que queda
de la mañana y gran parte de la tarde, vuestra amiguita, la analista
de sistemas, me pidió lo mismo hace ocho meses.
-Chao cariño. -Me despedí. Por
respuesta obtuve un gruñido.
Fuera del local, Miquelle
preguntó:
-¿Qué diantres pasó ahí
dentro?
-No
estoy muy seguro, antes de que Cefos se quedara in albis
me preguntó lo mismo. Parece algún tipo de desajuste en su cortex
prefrontal, si es que tal víscera existe. Hablando de Cefos,
deberíamos ir al silo y conectar los teléfonos al sistema de la
nave para que desde allí Cefos resetee los terminales.
-No me parece buena idea, al
tecnobit le entró el alzheimer digital al conectarse al sistema de
la señora Cochambres. Vislumbro el escenario de un contagio vírico
y, de ser así, conectar los terminales a la unidad central, podría
tener consecuencias aún peores.
-¿Y qué hacemos?.
-Tendremos que prescindir de
Shenna para resolver el “asunto Cefos”. Si por lo que fuera
detectase que tengo planos de Cefos y que a través de tu terminal
hemos hecho un pedido de piezas, podemos darnos por finados.
Estremecime ante el negro
panorama que columbré en las palabras de Miquelle y entonces se me
ocurrió algo:
-Tengo una idea, vamos al Mesón
Minero. Toma las llaves, conduce tú.
-Ni
hablar del peluquín. Para llegar al Mesón
hemos de pasar por el salón de té y Nemesia debe de estar vertiendo
espumarajos por la boca. O lo solucionas, o hueles a sangre, porque
yo no pienso morir por ti. Me niego a que me vea al volante, te toca
a ti de nuevo. -Sentenció Miquelle.
-Dacoy, mis habilidades
automovilísticas mejorarán con la práctica, me viene bien.
Queridísimo diario, ¿recuerdas
el incendio que se produjo en aquel edificio de viviendas a
consecuencia de las chispas de mi sierra de metal? ¿y la inundación
de la biblioteca debido a aquella reparación de fortuna? ¿y el
triturador de basura de aquella pastelería que tuve que instalar y
que, con la polaridad invertida, convirtió el fregadero en un
aspersor, motivando una intoxicación alimentaria en el barrio en el
que antes vivía? No tengo la culpa de que las cosas no me quieran, y
esta furgoneta y el escaparate también se complotaron en mi contra.
Aparcado de cara al tránsito de peatones y, por ende, al magno
negocio de bits, encendí el motor con el embrague pisado y aceleré
con vigor al tiempo que solté el embrague. Insólito, la primera
velocidad estaba engranada y la furgoneta se encabritó un segundo,
lo justo para detenerse en forma de alunizaje en el escaparate de la
tienda de electrónica.
-Cejota, vas a matarnos o hacer
que nos maten antes de que acabe el día. -Peroró Miquelle.
-De peores bretes he salido,
confía en mi. -Repliqué a la par que la marcha atrás se aliaba con
una fulgurante maniobra de evasión.
Doña
Malena debía estar en la trastienda buscando las arañas de sílice
en el pedido requeridas, porque no llegó a aparecer en nuestro campo
visual, mejor que mejor. A la velocidad de Hermes, disfrutamos de la
bella arquitectura de la barriada en la que la hardware
shop se ubicaba. Ventanas de
aluminio, todas de diferente factura, portales remozados con azulejos
de baño, fachadas de ladrillo visto... todo un deleite visual.
-En
el Mesón Minero aparcaré
yo, creo que será lo más prudente. -Puntualizó Miquelle
-Nada que objetar, conducir es
agotador y me vendrá bien un descanso.
Camino
del Mesón
y al paso por Chez
Nemesia, reduje la marcha
hasta cerciorarme de que la propietaria estaba de espaldas a la
calle. Aceleré lo suficiente como para pasar desapercibido a los
ojos de la motorista indignada.
-Cejota, eres un trapisondas.
-Dijo Miquelle al que la triquiñuela no le pasó inadvertida.
-Miquelle, no te preocupes, tengo
un plan preparado para salir del atolladero en el que mis carencias
al volante nos han metido.
-¿Nos
han metido? Te recuerdo que eras tú el que conducía.
-Ya, pero el vehículo es tuyo y
a ojos de las dos afectadas, estabas tú al volante. Así que, para
bien o para mal, también estás involucrado.
-Y todo esto por las llaves de tu
casa. Habría sido más sencillo si hubieras perdido la cartera.
-Replicó circunspecto.
-La vida es así, cosas que
pasan.
Llegamos
al Mesón Minero,
y mientras Miquelle aparcaba, entré al local. El semblante de
Arsenia permanecía contrito. Por suerte para nosotros, el hecho de
que su terminal telefónico estuviera contingentemente inhabilitado,
no la había puesto en la pista de lo acaecido con Cefos, así que me
acerqué a ella con mi mejor sonrisa en espera de que el gesto
dulcificara la conversación.
-Arsenia, hola de nuevo, me ha
llamado Shenna para decirme que me dejes el teléfono y se lo lleve,
tiene que repararlo.
-Tóma esta p*ta m*erda, t*nto a
las tres. A ver si con suerte no tengo que sufrirlo más.
-Gracias, eres un cielo.
-Vete a tomar por el c*lo.
Desde luego, el asunto de su
medicación debería ser resuelto a la mayor brevedad posible, este
estado actual de su ánimo (aún sabiendo que el origen es yatrógeno,
que no de carácter) amarga la relación con un alma tan risueña.
Pero el nudo de la cuestión estaba en mis manos, Cefos sobrevivía
en aquel amasijo electrónico, bastaba hacer un corta-pega de piezas
entre mi terminal y el de Arsenia y seguro que Miquelle podría
hacerlo sin mucho problema, barrunté. Justo saliendo del Mesón,
estaba Miquelle satisfaciendo la sed de nutrientes de un árbol
prisionero en un alcorque.
-¿No te parece que eres un
poquito mayor para dar estos espectáculos callejeros?
-Precisamente porque estoy mayor
me veo obligado a dar estos espectáculos. Bueno, por eso y por el
incierto trato que la hostilidad de Arsenia me puede deparar en los
mingitorios del Mesón.
-No te aflijas, lo resolveremos
en un tris. Vamos al silo, dame las llaves de la furgoneta.
-Creo que será mejor que
pospongamos para otro día tus clases de conducción, yo me haré
cargo.
Camino de un horizonte incierto,
lo puse al corriente al respecto de la impecable añagaza que se me
había ocurrido para salvar la situación y con un gesto de
asentimiento ponderola como sabia.
-Tengo la sensación de que este
tipo de triquiñuelas no te son ajenas en absoluto, te veo cómodo en
esta brega. -Sentenció lisonjero.
-No hagas que me ruborize con
tamaños halagos. -Respondile.
-No es un halago, es un reproche.
De cualquier modo, iremos primero a mi casa y dejaremos allí la
furgoneta, no es cuestión que Shenna pase por el silo y la vea allí
aparcada. Allí haremos el apaño al bocarrana digital, tengo las
herramientas necesarias y Cefos desde la unidad central nos dirá qué
parte del sistema de nuestros terminales está afectado y qué piezas
del terminal de Arsenia están rotas, así pisaremos sobre seguro.
-¿Y si se diera el negro
escenario, no lo quieran los electroduendes, de que la unidad central
está también afectada?
-Entonces deberíamos aprender a
rezar por nuestras almas.
Soslayé el oscuro panorama de
una infección masiva en favor de un ánimo positivo que facilitase
la reparación del entuerto digital. Decididamente, mi vida era mucho
más cómoda cuando la tecnología celular no me había hecho un
adicto (no por gusto, si no por conveniencia social, aunque no por
ello menos adicto) Alguien dijo una vez que no hay venenos, sino
dosis, está claro que lo de la pandi con el teléfono es una dosis
de dimensiones ciclópeas.
Aparcó con pericia Miquelle y
apretamos el paso camino del silo con ansia por resolver el embrollo
en el que nos encontrábamos. En cómplice silencio, alcanzamos el
ascensor primigenio de la mina y por él descendimos hasta la base de
lanzamiento. Muchas tuberías nuevas desde mi anterior visita hasta
el momento actual, pero no era cuestión de perder el tiempo en
fijarse en nimiedades de las que desconozco el propósito, así que
pregunté a Miquelle donde estaba ubicado Cefos.
-Shenna lo instaló en la cabina
de la nave, pero tengo un ordenador en aquel buró desde el que me
conecto a él. Enciéndelo a ver si funciona.
Le
hice caso y una espera de dos eternos minutos, dió paso a un mensaje
en el monitor del ordenador:
Cefos:>2147483647
-El bocazas digital sigue
contando. Sin altavoz ni micro, solo nos queda teclear.
-Pregúntale si sabe lo que pasó.
-Voy a ello.
Cefos:/user/
Cefos, ¿Se puede
saber que pasó?
Cefos:>¿Quien
es usted? ¿Qué pretende usted de mi?
Cefos:/user/
Soy Cejota
Cefos:>¿Y
como puedo saberlo?
Cefos:/user/
Porque estaba contigo cuando el móvil se desconectó at
Cochambres'
Cefos:>¿Y
como sé que no eres la del buffer a reventar?
Cefos:/user/
Porque estaba contigo antes, al aparcar la furgoneta
Cefos:>¿Donde?
Cefos:/user/
En la calle Hechicera, en el Nº 41
Cefos:>Eso
también lo sabe la Cochambres
Cefos:/user/
¿Y que antes
veníamos de Chez Nemesia?
Cefos:>Tontainaaaa
JUASS!
-Parece que funciona.
-¿Y qué dice que pasó?
-Todavía no ha dicho nada, me ha
estado pidiendo claves de seguridad. Veamos qué comenta.
Cefos:/user/ Nuestros
terminales no están operativos ¿Nos lo puedes explicar?
Cefos:> Me he
enamorado
Mi presencia de ánimo me
abandonó por unos instantes. El mundo era más sencillo cuando
escribir una carta con una máquina de escribir era un esnobismo,
usar una calculadora para hacer una división con decimales un signo
de debilidad mental y la caligrafía un bastión cuasi inexpugnable
solo tomado por las largas clases magistrales de la facultad de
medicina. De repente todo cayó en manos de los ordenadores y aún
sin dominarlos, yo tengo que lidiar con uno que es inteligente.
Enamorado... No cedí, lo presioné
Cefos:/user/ Explícame eso.
Cefos:>
amor
(Del lat. amor, -ōris).
1.
m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia
insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2.
m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que,
procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y
da energía para convivir, comunicarnos y crear.
Pues con Panchita me pasa eso.
Cefos:/user/ ¿Qué quieres
decir con “Panchita”?
Cefos:> Hay alguien como
yo, el ordenador de la Cochambres también es inteligente. Ya no
quiero que me hagáis el amigo, seréis partícipes necesarios en su
secuestro, quiero que Panchita se venga con nosotros.
Se acabó la presión y mi
presencia de ánimo colgó el cartel de “No molesten” en el
hemisferio derecho de mi cerebro. Bueno, esto que te escribo no es
del todo cierto. Sí lo es por la parte del abandono de mi espíritu,
aunque no por la parte de la presión. Cefos me la traspasó a mi.
Para él se trataba del secuestro de su novia, para mi significaba el
robo de propiedad ajena. La amenaza de Shenna y Nicolasa, pasó a ser
la de Doña Malena. Llamé a Miquelle.
-Tienes que leer esto, es
estremecedor.
-Te ahogas en un vaso de agua,
vamos por partes. Primero reparar los teléfonos, la medicación de
Arsenia, luego el asunto de la motocicleta, después el escaparate y
finalmente, el affaire Panchita. Dile que sí a todo.
-Sentenció tras ponerse al día.
Cefos:/user/ Está bien, pero
tenemos que tapar nuestro rastro en la medida de lo posible. Hay que
hacer que nuestros teléfonos vuelvan a funcionar. Necesitamos saber
qué piezas están averiadas en el terminal de Arsenia.
Cefos dio diagnóstico, Miquelle
obró en las tripas del artilugio y por fin un teléfono funcionó.
El siguiente fue el de Miquelle, solo había que vaciarlo y volver a
llenarlo con los datos pertinentes. Miquelle me adjudicó el
reparado como propio a partir de ese momento.
-En el principio fue la palabra,
un altra vegada ¡JUASS!
-De acuerdo Cefos. Tienes que
conseguir a través del distribuidor de las farmacias la medicación
de Arsenia y que se la envíen al Mesón urgentemente. También
tienes que lograr intervenir en las bases de datos de dos compañías
aseguradoras diferentes y que se hagan cargo de la moto y el
escaparate de Nemesia y Malena respectivamente.
-¿Y qué pasa con Panchita?
-Bueno, es una tarea nueva y me
has pillado un poco fuera de juego, pero tengo el teléfono
particular de Malena en una tarjeta, así que algo se me ocurrirá.
De todas formas, el “asunto teléfonos” aún tiene una fuga que
deberíamos tapar y para eso, necesito que logres la medicación de
Arsenia y me avises en cuanto le vaya a ser entregada, también
necesito el nombre del repartidor. Miquelle, dame las llaves de mi
casa, el tema de las cámaras ya lo resolveré de uno u otro modo.
-El pedido ya ha sido tramitado y
sale en este momento hacia el mesón en una furgoneta, llegará en
menos de una hora. Volveréis a entrar en los baños sin miedo a que
os insulten, JUASS!!
-Entonces voy hacia allí, hay
que interceptar la entrega. Miquelle, ya me has padecido bastante por
el día de hoy, creo que puedo seguir solo a partir de ahora.
-Tengo la sensación de que lo
estás liando más de la cuenta, pero en esta parte no voy a estar
involucrado, así que te deseo suerte, compañero. -Se despidió con
estas aciagas palabras Miquelle.
Caminando con paso firme, me
planté ante el Mesón y allí esperé la llegada del reparto
del medicamento.
-Y bien Cefos, ¿Como se llama
finalmente el repartidor?