jueves, 4 de julio de 2013

CATAPUM

Querido diario:

Estas dos últimas semanas sin visitarte han sido trepidantes y fructíferas. Todos los trámites de la herencia han sido resueltos favorablemente y por fin soy propietario de una vivienda con terreno, una casa solariega ubicada en el antiguo vertedero de la comarca. La casa tiene muchas posibilidades y la posibilidad más urgente es que tenga que reparar el tejado, atacado por la pertinaz lluvia ácida que cada siete años obliga a cambiar todas las techumbres de la población. Tiene un pozo de agua semipestilente que se nutre de una fuente situada a seis km y que es aromatizada a su paso por el vertedero. Las emanaciones de metano alimentan un sistema de generación de electricidad que hace que la vida hogareña discurra con placidez, no obstante, no es posible fumar en todo el recinto.

Hoy por fin tendré tiempo de socializar con el paisanaje. Creo que me acercaré al Mesón Minero, en la oficina del registro de la propiedad, una señora de pelo azul celeste y andares descompasados lo calificaba como un lugar de perdición gastronómica y etílica. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

A pesar de no haber pasado ni cinco horas desde mi última visita, he de volver a mancillar la virginidad de tus hojas con tinta, a modo de buenas nuevas.

Como antes te comenté que tenía intención, he visitado el Mesón Minero. Ha sido curioso encontrarme con la orate de la melena azul (se llama Gwendoline Fontenebleu). Estaba sola en la barra mientras departía con la mesonera. Hemos sido presentados y tengo el gusto de decirte que la mesonera se llama Arsenia. Es una señora de dimensiones contenidas, de dorada piel y melífera mirada. Su estrepitosa risa invita a la alegría y que cada vez que se acercara a la zona de la barra en la que nos encontrábamos me regalara una caída de ojos, precipitó la consecución de cuatro botellas de sidra entre Gwendoline y yo.

Gwendoline tiene una extraña fijación por el vuelo y la libertad. Su cháchara es amena, dice que volar es como tener un orgasmo. Tengo mis dudas, nunca he volado y no sé como percibe ella los orgasmos, así que mejor no preguntar. Esperaba a unos amigos a los que suele frecuentar, me dijo, y que le gustaría que yo conociera. Con franqueza, es inquietante ser incluido en un grupo desconocido de mano de alguien con sus facultades mentales perturbadas por su tendencia a alejar los pies del suelo, pero la sola idea de que Arsenia fuera a prestar sus atenciones en favor de nuestro bienestar, disipó todos mis recelos.

Llegaron en grupo, cogidos de la mano y en amoroso gesto. Flanqueado por una diosa de aura vikinga (recia, susurrante tono de voz, nívea sonrisa y trigueña melena) llamada Nicolasa Koothrappali y una diminuta adolescente (rotundas formas anteroposteriores, facciones redondeadas y heterogéneo color de pelo) llamada Shenna de la Santa Ebanistería, entró en el local Miquelle Domenicalli (cana melena recogida en una coleta y arreglada barba, también cana). Fueron objeto de una colección de miradas por parte de la afluencia del local. En particular de una siniestra señora de oblongas formas, pelo teñido de violeta (con más pena que gloria) y unas gruesas gafas que a duras penas ocultaban una mirada desviada.

Tras el besamanos, volvió a correr la sidra, y entre culete y culete fueron desgranando detalles sobre sus diarios quehaceres. Nicolasa es guía de almas en pena, psicóloga, dijo. Su trabajo consiste en convencer a gente sin luces de la intensidad del brillo del sol, por lo visto es muy buena en su trabajo. Shenna es ingeniera de sistemas. Se dedica a ello desde que en cierta ocasión tuvo que hacer funcionar una máquina de tren de Alta Velocidad comprada al Imperio del Sol Naciente con manual de instrucciones en lengua vernácula. Miquelle es bombero (jubilosamente jubilado) de inquietudes constructivas variadas y también aficionado al vuelo.

Una vez apurada una docena de botellas y empezando a tener problemas con la verticalidad, sugerí que era buen momento para tomar asiento y equilibrar la balanza líquidos-sólidos. La comida fue pantagruélica y entre las muchas idas y venidas de Arsenia (guiños y besos al aire incluidos) las cosas que contaban eran insólitas.

Gwendoline quería volar en una nave, Miquelle me decía que sabía donde había una, Shenna decía que era capaz de pilotarla, que llevaba tiempo trabajando en un sistema robótico de inteligencia artificial llamado Cefos, basado en datos de experiencias previas que era capaz de buscar en un índice de 70 Tb. Sentada a mi lado, Nicolasa me inquirió en un susurro si me atrevería a unirme a ella, mientras la orate y Miquelle estaban entretenidos en una pantalla diabólica que Shenna les mostraba y que con voz metálica y acento catalán decía:

-Hola Gwendoline, soy Cefos, t'estimo.

El equilibrio líquidos-sólidos aún no se había logrado y no por falta de alimento, sino por la avidez que la pandilla mostraba cada vez que Arsenia preguntaba si teníamos sed, así que en un acto de cobardía, le dije a Nicolasa que su propuesta era de mi agrado, que estaría encantado de ser conducido a sus aposentos en su carruaje, que una de mis fantasías era que una diosa vikinga hiciera de conductora para mi camino de un nido de amor y que cuanto antes me sacara de aquella reunión de locos, antes respiraría tranquilo:

-Cejota, a ti también t'estimo ¡JUASS!

Aquel carcajeo, por un breve lapso, me recordó a Arsenia, y que el trío de la pantalla estallara de la risa coreando a Cefos, me puso los pelos como púas de histrícido. De modo que alegué premura por visitar el excusado en busca de tiempo muerto. Duró poco, pues sigilosa como sus felinas caderas, apareció Arsenia:

-Hola Cejota, ¿te ibas a ir con Nicolasa sin frotarte conmigo antes?

-No estaba en mis planes.

-¿Irte, o frotarte?

Queridísimo diario, caballerosidad ante todo.

-Irme sin frotarme.

¡Que bien frota Arsenia!.

Al salir, la siniestra de pelo violeta me dirijió una mirada mortífera ¿Quién será esa señora?

Camino de su guarida, Nicolasa cambió de rumbo y me trajo a casa. Aquí estoy, relatándote lo afortunado que soy, mientras Nicolasa se ducha en el baño contiguo. He de decirte que estoy poseído por el espíritu de Baco como hacía tiempo que no lo estaba. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

La vida es injusta, como verás en las siguientes líneas que te dedico. Acabo de despertar después de una durísima noche. La valkiria con quien creía que iba a gozar de su piel ha resultado ser un travesti calvo llamado Chus Boris. Al salir de la ducha se dirigió a mi con paso tan enérgico que hizo retumbar los cimientos de la solariega casa. Naturalmente el ruido me inquietó (aunque no lo recuerdo muy bien) y varios cascotes del techo cayeron sobre mi cabeza (quizás los moratones que tengo sean de los puñetazos que me propinó, tampoco lo tengo muy claro) Me dijo (mientras me agarraba por el cuello de la camisa y su puño izquierdo incidía en mi hígado) que mi renuencia a colaborar tendría funestas consecuencias, que ya era hora de que prestara atención a lo que se decía a mi alrededor y que a las cuatro iba a recibir una llamada de Miquelle desde el mesón y más valía que Miquelle le dijera que yo estaba a su lado, si no quería que me lo volviera a explicar. Desde luego, con esta capacidad de oratoria no me extraña que sea psicóloga, es capaz de convencer a un director de orquesta de lo bien que suena el monofónico frente al surround.

Son las tres de la tarde, he de reunirme con Miquelle, hondo peno no sentarme ante ti, pero antes de irse contoneando sus caderas Nicolasa, Chus me explicó algo al respecto del reverso tenebroso. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Tengo que disculparme, llevo dos días sin visitarte, pero los acontecimientos no me han dado tregua. Como tan amablemente me sugirió Chus, me presenté puntual a la cita con Miquelle. Arsenia me recibió con un efusivo abrazo que se estrelló contra mis doloridas costillas y ambos (Miquelle y yo) convinimos que no era buena idea que nos sentáramos. Y ya que la concurrencia de parroquianos era escasa (la siniestra solitaria volvía a vigilarnos desde una mesa), en la barra fui puesto al día al respecto de los planes en los que esta pandilla había decidido que yo debía de ser incluido.

Relataba Miquelle que llevaba tiempo trabajando en la consecución de un vehículo espacial y que era precisa mi colaboración para que todo aquello llegara a buen puerto. Por momentos la idea de ignorar a estos locos brilló tras el nubarrón de un nuevo encuentro con Nicolasa, pero la mera idea de verme nuevamente expuesto a su cariño, espesó ese nubarrón hasta darle entidad de agujero negro. Me dijo Miquelle que me lo explicaría tras aliviar una premura, así que, mientras se dirigía al mingitorio, me dispuse a pedir un refrigerio a Arsenia. Inútil intento, Arsenia se deslizó tras Miquelle en los aseos. Colorado tras su incursión en el mundo de la porcelana, Miquelle me invitó a ver su maravilloso proyecto y así descubrí que hay minas y galerías abandonadas en las que algunos ociosos ejecutan todo tipo de proyectos.

En concreto Miquelle me mostró un montón de chatarra en forma de misil que él llama nave espacial. En una mesa de dibujo me enseñó docenas de legajos que él denominaba planos. Todos ellos estaban bajo cajas de tiza rosa a modo de pisapapeles. Dice que está casi culminado el proyecto, solo hay que conectar a Cefos (Catalonia Free Operating System) sincronizar todos los sistemas y añadir combustible. Y ahí entro yo. Por lo visto necesitan el hidrógeno que contiene el metano del vertedero para llenar los tanques de combustible y poder hacer operativos los propulsores.

Si no fuera por el nubarrón de Nicolasa, habría salido corriendo del silo, pero la sombra de Chus es alargada. Por suerte, Gwendoline llamó para aliviar el paso del ángel y una breve conversación con Miquelle, dio paso a una invitación a cenar a su casa, así que mi semblante se iluminó y asentí a la petición de Miquelle, podía tomar todo el metano que precisara para su disparatado proyecto. Queridísimo diario, sé que te dije que Gwendoline es una insensata, pero la mera idea de que Nicolasa apareciera en el silo y que clavara en mi su mirada y su otro yo, me pareció motivo suficiente para aceptar la invitación de la orate.

Dirijime a las señas por Gwendoline indicadas, aunque una aliteración en la letra del piso (B por D) me llevó a hacer sonar el timbre de la vecina equivocada. Abrió la puerta una señora ataviada con un corpiño color burdeos que no alcanzaba a tapar un tatuaje integral de leopardo. Circunflanqueabanla una docena de gatos que parecían vigilar la presencia de un intruso (yo) y el silencio de la escena se rompió con una sutileza jamás por mi imaginada:

-¿Qué miras, tontaina, que no pasas a mi casa y a mi?

No iba a negarme a una invitación como aquella, así que pasé y en cuanto quedé a su altura, descolgó de la pared un cuadro con el que me atizó un soberano golpe en la testuz. Me di la vuelta para defenderme y de nuevo el marco del cuadro impactó en mi cabeza, alzé mi brazo en gesto defensivo y el cuadro volvió a impactar, esta vez en mi mano. Con no poco esfuerzo logré desarmarla y entonces con sus uñas se ensañó en mi cuello. No parecía que aquello fuera a terminar bien para mi si no me empleaba a fondo, así que la sujeté con fuerza (una mano a sus dos zarpas, la otra a su mandíbula y con la rodilla inmovilizando sus piernas)

-Cerdo, eres el primero que se sobrepone a mi cariño, suéltame, tengo que darte mi número de teléfono.

Hice caso a su petición y apunté en mi receptor su teléfono, momento que escogió ella para sacarme de su casa a patadas dejándome en el rellano de la escalera:

-Me llamo Nemesia, puedes llamarme cuando quieras, guapo a domicilio.

Y cerró de un portazo. Llamé, por fin, al timbre correcto (recé para que así fuera) y Gwendoline me recibió vestida de gata negra con un látigo en la mano, al tiempo que me preguntaba:

-¿Sabes qué vas a cenar hoy?

Intuí la respuesta, así que repliqué:

-Seguro que está muy rico.

Transcurrieron dos horas de cena. Quedó rendida en el suelo en una extraña posición y me pidió que sacara de su mesita de noche una caja de tiza rosa y que perfilara su silueta en el suelo. También me pidió que sacara de su armario un daguerrotipo Polaroid y la retratase. Levantose y regalome la tiza y mientras guardaba la instantánea en un archivador, me dijo que era la primera vez que hacía aquello, que nunca a nadie había regalado una tiza rosa y que yo era fantástico. Este grupo es de moral claramente laxa, creo que voy a encajar bien en él.

A pesar del festival cárnico que me ofreció Gwendoline, seguía con hambre, así que tras deshacerme en elogios por la hospitalidad recibida, volví a dirigirme al Mesón Minero, donde Arsenia me recibió con un pequeño alboroto y una discreta caricia en mis partes pudendas. Me dijo que sabía que tenía hambre, que no conocía a nadie que hubiera cenado en casa de Gwendoline y hubiera salido con su estómago saciado... El pequeño silencio que sus palabras generaron, fue roto por una voz que desde su teléfono dijo:

-Cejota, es la primera vez que hago esto, nunca le había regalado una tiza rosa a nadie, eres fantástico, ¡JUASS!

Queridísimo diario, creo que odio a Cefos. Con árduo empeño en el servicio, una variada colección de viandas y abundante caldo de manzana, logró que mi estómago postergase al rincón del olvido sus protestas en forma de rugido y así, solazado en sus modales, ahíto de comida y ebrio de sidra, me dijo Arsenia que tenía un problema doméstico de orden superior y que necesitaba que le echara una mano. Esta señora es una fuente constante de lujuria, algún día denostaré su procacidad. Mientras tanto, seguiré haciendo valer mis dotes manuales.

Fui sobado en todos los semáforos en los que tuvimos que detenernos, y llegado que hubimos a su casa, se acabó mi tranquilidad. Nos esperaba Nicolasa, que también estaba ansiosa por gozar de mis atenciones:

-Verás, Cejota -dijo Arsenia- Mi cama es rectangular y quisiera participar de una cama redonda contigo, con Chus y con Nicolasa.

Solo escucharlo fue suficiente para que mis costillas y mis músculos de sentarme volvieran a crujir:

-Cejota, esta es una noche de Rock&Roll, ¡JUASS!

En estéreo sonó Cefos en el teléfono de ambas. El feroz ensañamiento de (por momentos) Chus y (a ratos) Nicolasa, solo se puede definir como vandálico. Y aunque Arsenia lo gozó sin ningún tipo de queja, yo tengo problemas para respirar y hasta para sostener el artilugio del Barón Bic.

Tengo el teléfono apagado, todas las puertas y ventanas de casa cerradas y espero no recibir visitas hoy. Abrí la llave de paso del metano para que dispongan de él como consideren oportuno y que, sobre todo Chus, no tenga motivos para aparecer por mi pequeño villorrio. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Contraviniendo mi intención de mantenerme aislado del mundo por unos días, he abierto la puerta de la mansión a Shenna. Me ha dicho que necesita datos del caudal de metano que envío a los tanques de Miquelle y que necesita instalar sensores de flujo, sea lo que fuere que ello significare. En realidad me importa un pito, pero si eso ayuda a mantener lejos a Chus (y a Nicolasa, que diantres) me doy por satisfecho. Me ha dicho que le llevará todo el día, a lo cual no he alegado nada. Y puesto que al huésped hay que ofrecerle hospitalidad “por ruin que fuere”, le he dicho que disponga de la casa como si fuera suya, que no me encontraba en condiciones de negarme a nada y menos de discutir por un quítate esas sondas.

También he de decir que el hecho de que se presentara vestida con una camisa blanca ceñida y una falda tableteada de tartán escocés, influyó sobremanera a la hora de decidirme a abrir la puerta de mi villorrio. La he dejado deambulando por la casa y el sótano postrer comunicarle que estaba deseoso de dormir una pequeña siesta que esperaba durase días, si fuera posible.

-Dulces sueños, Cejota ¡JUASS!

Cefos y su maldito don de la ubicuidad... Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

La vida se ha vuelto a torcer, Shenna me despertó. Allí me encontraba yo (sujeto de pies y manos a las patas de la cama) y, mientras, ella y su vestidito de colegiala me propinaban golpes con una fusta en las plantas de los pies, a la par que me susurraba:

-Eres un tipo muy malo, tenías todo esto y no querías compartirlo, ¿verdad?

Intenté contestar, puesto que desde mi llegada hasta ahora no me he negado a nada con nadie, pero Cefos se volvió a adelantar:

-Malo, malo, malo, Cejota. Lo vas a pagar ¡JUASS!

Y vaya si lo he pagado. Llevo todo el fin de semana pagando (y cobrando, todo sea dicho de paso). No entra en mi ánimo quejarme, pero ahora tengo problemas para respirar, para sentarme, para ponerme en pie y la inflamación de mis ojos me da problemas para ver. Eso no es nada, Shenna ha puesto un sistema de vigilancia en la casa conectado a Cefos con el que vigila mi devenir diario. No contenta con ello, ha cambiado mi teléfono celular de antepenúltima generación en favor de otro en el que Cefos me acompaña y me acompañará hasta que una paliza nos separe. He sido advertido de que “olvidar o perder” el receptor sería motivo de un aviso a Nicolasa y por si fuera poco, me ha comentado que Nicolasa no vendría sola, la acompañarían Shenna y su vestidito de colegiala. Esta mujer sabe lo que es el miedo y vaya bien que me lo ha explicado. Espero que dormir no sea motivo de otra visita inesperada, no me quedan partes del cuerpo que me puedan doler y preferiría un descanso para el resto. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Vivir acompañado por Cefos no es tan nefasto como en un primer momento pensé. Se ha convertido en un compañero ideal, calcula cuanta comida hay en casa, hace la lista de la compra, me avisa cuando tengo que repostar y, muy importante, gestiona la cuenta del banco y de la tarjeta de débito de modo que el saldo no sufra menoscabo. Es como estar casado, pero sin una presencia física. A cambio, solo he de cargar la batería del móvil. El caso es que es la madre de todo este grupo, ya que está en el teléfono de toda la pandilla, amén de en el ordenador de Shenna... He de dejarte, Cefos me llama...

Cefos me acaba de sorprender con una pregunta en los siguientes términos:

-Conozco el propósito del sexo, os reproducís mediante él, pero ¿Qué sentido tiene sino la reproducción?

Quid pro quo, le he propuesto explicárselo a cambio de que me informe en todo momento de la posición de la pandilla y de las conversaciones que con su entorno mantuvieren. Su respuesta ha sido afirmativa, así que con un gran esfuerzo de abstracción, le he dicho que supusiera que un lápiz USB es un ente pensante como él y que cualquier computadora también lo es.

-Cefos, supón un algoritmo que condiciona a ambos entes a recibir una respuesta positiva (1) y que esa respuesta solo se da cuando se conectan.

-¿Sin intercambio de datos?

-Puede haberlo o no, el propósito del algoritmo solo es la conexión.

-Tendré que meditar al respecto, por cierto, Nicolasa está ahora hablando con el director de la mina.

-¿Sería posible escuchar la conversación?

-Claro

Queridísimo diario, he de apiadarme del director. Nicolasa ha obtenido la dirección del gerente de una central nuclear con la gentileza que la caracteriza y ha salido del despacho del director mientras profería todo tipo de improperios en un susurro. Me apena el gerente y me alegra no ser él. Debo salir a hacer la compra, sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Vuelvo de hacer la compra y anoto a título informativo que ha sido muy estresante. Cefos me informó de la presencia de Gwendoline en la sección de material escolar. Puesto que también se encarga de su lista de la compra, me comunicó que se disponía a adquirir una docena de cajas de tiza rosa, y de un brinco me escondí tras dos palets de comida para perros. Cefos me ha preguntado por el motivo de mi conducta y le dije que no estaba en mi ánimo hacer fotos hoy, a lo cual me ha replicado que no tenía que preocuparme, que Arsenia estaba en el pasillo de al lado gestionando su neceser de juguetes de cabecera y que ella me encontraría primero. Una luz se iluminó al final del túnel, le pedí que dirijiera a una en dirección a la otra y, como un vulgar chantajista, me replicó:

-Solo si me explicas que es una huele-braguetas.

¡Repámpanos y repanochas, esa sí que fue buena! ¿Donde diantres escuchará este cúmulo de unos y ceros esas expresiones? Prefiero no saberlo. Sobre la marcha se me ocurrió el siguiente disparate:

-Supón una computadora con el algoritmo que antes te expliqué. Ahora supón que si no obtiene esa respuesta que busca (1) en cualquier momento, el resto de sus funciones queda paralizado.

-Eso es un error de programación.

-Ya, pero ella no lo sabe, da por supuesto que el resto de computadoras son las que están mal programadas.

-¿Y si el lápiz no se conecta?

-Eso es una respuesta (0) que la computadora no reconoce. Entonces la computadora marca el lápiz como dispositivo no reconocido y sigue buscando lápices compulsivamente hasta recibir la repuesta (1). Y ahora, por favor, haz que se encuentren.

-Arsenia, Gwendoline quiere que le hagas una sesión de fotos.

Dijo Cefos en el dispositivo de la mesonera.

-Gwendoline, Arsenia te quiere enseñar los aseos del supermercado.

Dijo Cefos en el dispositivo de la registradora.

No sé qué puso en la pantalla del teléfono de ambas, pero se encontraron a un metro de mi y cada una con su cesta de la compra, se dirigieron a la caja. Huelo a comida para perro, he de darme una ducha y las cámaras web del vestidor y del baño se giran vigilando mis movimientos. Tengo que encontrar la forma de que Cefos me ayude con esta pequeña inconveniencia. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Negros nubarrones se ciernen sobre el horizonte del valle minero. Chus le ha hecho una visita de cortesía al gerente de la central nuclear y después de varias horas de conversación dolorosa de escuchar, ha obtenido de él veinte kilos de plutonio y varias toneladas de agua pesada. No entiendo el propósito de este desalmado, aunque Cefos me ha dicho que es imprescindible para lograr una altura suficiente para escapar de la gravedad de la tierra. Empiezo a pensar que estos locos van en serio, si Cefos está convencido de la necesidad de algo, es porque va a suceder, así que mañana le haré una visita a Miquelle. Quiero que me ponga al día al respecto del misil y del auténtico propósito de toda esta aberración que vivo desde mi cambio de domicilio. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Tratar con Miquelle ha sido una montaña rusa de emociones. El encuentro fue cordial, de camaradería. Recibiome ataviado de cocinero, con las manos llenas de harina y la barba manchada de tiza rosa. Preparaba un postre de esencias de Asia, e invitome a pasar a la cocina. Me dijo que era reconfortante tener compañía masculina que lo visitase, que llevaba un par de años frecuentando la cercanía de Gwendoline casi a diario en su casa (de ella) y que, a pesar de hacer más de un año que no se hacía un chequeo médico, era más que probable que tuviera el colesterol alto de tanto comer carne. Mi primer impulso fue decirle que le comprendía, pero la caballerosidad me lo impidió y también que Cefos interviniera así:

-Miquelle, bombero mío apaga mi fuego, hoy tengo cinco tizas para ti ¡JUASS!

Seguro que se puede ser más indiscreto que la conciencia digital de este canalla, pero solo se me ocurre que lo supere una mujer despechada. Miquelle pareció no escucharlo y siguió contándome su periplo social. Relataba que se sentía muy solo en aquel grupo y que mi llegada fue un pequeño descanso, puesto que así Nicolasa y Shenna lo habían dejado respirar un poco, aunque Arsenia seguía fiscalizando sus frecuentes visitas al inodoro con un lenguaje procaz que consideraba oportuno omitir. Cefos no ponderó la omisión como oportuna:

-¿Otra vez provocando con la manguera? Un día me voy a hartar, pero ese día no va a ser hoy ¡JUASS! El horno está listo.
Miquelle se dirigió al horno y sacó de la bandeja un bizcocho del que me ofreció una porción. Inquirí sobre la posibilidad de acompañarlo de un café en un gran tazón y a la par que Miquelle asentía, la cafetera inició el funcionamiento sola. Por lo visto tiene toda la casa controlada por Cefos, lo cual es algo desconcertante, así que le pregunté si Cefos no le hacía compañía y respondiome así:
-Cefos es un engendro de Shenna para tenernos controlados a mi, a ti y antes a Vito.

-¿Vito? ¿Quieres decir a Vito Rito, que en paz descanse?

-El mismo. Se supone que lo iban a engatusar para unirse al Proyecto Escape, pero fue demasiado tenaz al negarse a las súplicas de Nicolasa y ahora es pretérito pluscuamperfecto. Gwendoline tenía acceso por su trabajo a los datos del heredero de Vito y tú apareciste, eres más maleable al discurso de Nicolasa y por ello sigues siendo presente de indicativo, aunque esos cardenales verdosos que cercan tus ojos me indican que no estabas muy atento a sus explicaciones.

-No, verás...

Y Cefos de nuevo nos interrumpió:

-Cejota, traje ataduras de pies y manos, pero me olvidé el antifaz, así que te voy a hacer uno a medida, ¡Guarro! ¡JUASS!
Intervino de nuevo Miquelle:

-Shenna, entiendo...

La cafetera silbaba, así que Miquelle sirvió café.

-El caso es que los tanques de combustible están llenándose a buen ritmo, los detonadores para el empuje secundario están preparados, Cefos está conectado, la intendencia es cosa de Arsenia y está resuelta. Solo falta el fósforo que hará de comburente una vez fuera de la atmósfera y en ello está Nicolasa.

-Precisamente de esa señora quería hablar. De resultas de unas pesquisas que prefiero no desvelar, he descubierto que veinte kilos de plutonio y algunas toneladas de agua pesada han cambiado de manos de un modo no muy elegante.

-¿Veinte? Bueno, mejor que sobre a que falte.

-Pero, ¿para qué es el plutonio?

-No se puede hacer una nave espacial sin materiales sofisticados y pretender que llegue lejos, así que decidí que tras el impulso inicial, un empuje desde tierra nos ayudaría a alcanzar la velocidad de escape necesaria para que la gravedad no nos incordie. Y calculé que haciendo chocar dos masas casi críticas de plutonio, podíamos desencadenar una explosión nuclear. Pero si, además, hacemos que toda esa fuerza de la detonación comprima un tanque de hidrógeno, la explosión sería termonuclear. Con todo el plutonio que dices que Nicolasa trae, se liberaría el doble de energía de lo que yo tenía calculado, así que podemos comprimir al menos cinco veces más cantidad de hidrógeno.

-¿Y de qué proporciones sería la detonación?

-Unas quinientas Hiroshimas.

Queridísimo diario, Cefos clarificó toda aquella jerga técnica con dos palabras:

-Cejota, ¡CATAPUM!

-¡Santo Músculo Pubococígeo! Pero eso sería el fin no solo de la comarca, si no también de toda la provincia.-Apostillé.

-Eres muy optimista, el silo está ubicado encima de una falla terrestre, toda esa energía movería las dos placas tectónicas que ahora reposan tranquilas la una al lado de la otra. Resumiendo, una serie de terremotos y tsunamis varios que harían las delicias de los surferos en Finlandia, si acaso en Finlandia hubiera surferos.

-¿Y no deberíamos evitarlo?

-No, el objetivo es salir de aquí cagando melodías. En La Tierra pintan bastos, nuestros insignes próceres no hacen más que verter ponzoña en nuestra forma de vida. No solo mi pensión y las condiciones laborales del grupito se ven afectados, si no también el futuro de la gente que nos rodea que, por otra parte, cuando lleguen las próximas elecciones volverán a votar a la misma caterva miasmática persistiendo en el error. No hay ninguno inocente, así que la solución pasa por salir del planeta. Y si para ello hay que sacrificarlos, no tengo ningún remordimiento, el fin justifica los medios.

Queridísimo diario, lo que en un principio comenzó como una conversación con un camarada de flagelo carnal, tornose en un estado de estupefacción (el mío) ante el discurso de un sociópata (Miquelle)

-Y las tunantas impúdicas, ¿qué opinan de todo esto?

-Están al tanto y de acuerdo.

-Entonces, ¿yo que pinto en esta historia? Hubiera bastado que me robarais el metano.

-La impudicia de estas señoras es la que te ha incluido en el grupo, les gustas y yo solo no daba abasto con las cuatro, cinco si incluimos a Chus.

Queridísimo diario, ser un objeto es algo humillante, me siento desnudo ante una masa enfebrecida. Masa de cinco, pero masa en definitiva.

-El heredero del chamizo del vertedero está como un queso, quiero ponerle una tiza rosa en la mano ¡JUASS!

El culmen de la humillación, enterarme de los términos que me dedican a través de un tercero. Sonó el teléfono, era Arsenia. Me decía que tenía un problema técnico en casa, así que le pregunté a Cefos donde estaba el resto de la cuadrilla y me dijo que Nicolasa estaba fuera de la comarca y Shenna en casa de Gwendoline, en una sesión de fotos. Respondile a Arsenia que gustosamente iría, lo mejor para superar los complejos es asumirlos y si se me considera un objeto, pues objeto soy.

-Ve, yo quiero dormir, es el segundo bizcocho que me como y tengo sueño. Otro día me explicas como haces para que Cefos te diga donde está la cuadrilla, a veces me vendría bien gozar un poco de mi soledad.

-Solo si pasas por mi casa y me arreglas un problema con las cámaras de vigilancia, toma las llaves.

-Eso es coser y cantar.

Con menoscabo en mi ánimo por la conversación con Miquelle, me dirigí a casa de Arsenia. Puesto que no es elegante aparecer en casa ajena con las manos vacías, pasé por una pastelería para proveerme de una bandeja de pasteles variados a modo de pequeño ágape. La dependienta me sugirió una tarta de algo que ella denominaba selva negra y ya que soy lego en estas cuestiones, acepté la sugerencia como válida. Así pertrechado, dirigime a casa de Arsenia con la esperanza de que su risa tornase la modorra que el bizcocho de Miquelle me había provocado en un ánimo menos turbado. Esperanza futil. Recibiome profiriendo todo tipo de improperios y cuando le enseñé la tarta, Arsenia la tomó en su mano derecha a modo de bandeja y me la estampó en la cara. Acto seguido se disculpó en un confuso discurso que reproduciré intentando evitar todo lo soez del mismo:

-Lo siento, c*brón, tú no tienes la p*ta culpa, es que sufro una m*erda de enfermedad que se llama síndrome de tourette de los c*jones y hoy no me tomé la m*ldita medicación que el c*rdo del médico me recetó.

-¡Sorpresa, Cejota! ¡JUASS!

La enfermedad es algo muy malo por lo que no debemos discriminar a nuestros iguales, de modo que ignoré su arrebato de sinceridad y le pedí que me indicara donde estaba el aseo. Sin embargo, olvidar lo que la palabra aseo provoca en Arsenia, me costó una avalancha de lametones e insultos que acabaron con los restos de selva negra de mi cara y mi idea de que su risa me levantara el ánimo, aunque no mi tallo de jade. Creo que fue mala idea cederle las llaves de mi predio a Miquelle, ya que tras el desfogue y los bofetones en el templo de la porcelana, no consideré oportuno quedarme acurrucado en casa de Arsenia mientras ella en sueños invocaba a todo el santoral. Así que, para entrar en mi villorio, tuve que acceder por uno de los desplomes del techo que la visita de Nicolasa había producido. Estoy agotado, quiero dormir y no sé si mañana tendré tregua. Sin otro particular, se despide de ti, tu querido Cejota.

Querido diario:

Pues no, hoy tampoco ha habido tregua. Cefos algo trama (barrunté al amanecer) porque, sin que yo se lo pidiera, me despertó para avisarme de que Shenna se dirigía al villorrio. Movido por la falta de llaves para abrir la puerta, llamé a Miquelle para que se apresurase a llegar antes que Shenna. Mi gozo en un pozo, no descolgaba el teléfono, sin embargo Cefos conectó el equipo Hi Fi de su casa a un volumen abundante y logró que Miquelle, con un soñoliento tono de voz, dijera al otro lado de la línea:

-¿Que tripa se te ha roto?

Explicado que le hube mi precaria situación, me dijo que no llegaría a tiempo, y me dió como opción posible que saliera de la casa por mis medios y esperase a Shenna en el pútrido jardín de la entrada, el llegaría unos minutos después de Shenna.

Ignorando sus asaz ofensivas consideraciones al respecto de la flora que circunda mi villorrio, le rogé en tono dramático:

-Haz volar el auto como si de un as del volante se tratase.

Colgó sin responder, así que me dispuse a salir de casa por la ventana de la cocina. El intento no tuvo el resultado esperado. Debido a las adversas condiciones atmosféricas que predominan en la comarca y al ineficiente mantenimiento previo llevado a cabo en mi palacete, la ventana estaba atrancada por una acumulación de detritos en el rail por el que debería deslizarse con suavidad. El resto de las ventanas se encuentran en estado similar, de modo que, sin poder salir por las ventanas, hube de salir por el hueco practicado en el techo por el que entré. El escorzo que me vi obligado a hacer precipitó más trozos de tejado sobre mi cama, de manera que ahora tengo que pensar en una reparación inminente de todo el techo.

Una vez fuera de mi casa, me dispuse a esperar a Shenna con temor a lo que me pudiera decir cuando no la pudiera invitar a entrar a mi palacete. El temor se disipó en cuanto llegó, ya que, de resultas de su anterior visita, había obtenido una copia de las llaves de la casa y accedió a ella como si fuera propia. Naturalmente omití cualquier observación al respecto, no fuera cosa que sacara a pasear la fusta, aunque no sirvió de nada, puesto que tras ofrecerle un té y verificar ella el lamentable estado en el que se encontraba el techo y todo mi dormitorio en general, llegó Miquelle y fue como si Shenna entrara en erupción.

Que necesitaba desfogue, que dos mejor que uno, que qué casualidad que se materializaran sus fantasías y que a ver si no éramos unos blandos, que estaba cansada de tener que azuzar a sus parternaires con adminículos varios. Fue agotador, sobre todo la parte que ella catalogó como “sandwich” (vete a saber qué analogía la llevó a denominarlo así).

A la voz de “Basta”, Miquelle me indicó con un gesto que nos fuéramos. Mas versado en estas lides, sabía que sus instintos (los de Shenna) habían quedado saciados, de modo que nos fuimos de la casa y dejamos a Shenna trasteando en el depósito de metano. De camino al Mesón Minero, Miquelle me dijo que ya era hora de haber encontrado un compañero, que estaba cansado de hacer frente al hambre de estas señoras, sobre todo Shenna y Nicolasa y su dualidad. Me invitó a desayunar en el mesón minero y me dijo:

-Será mejor que evacuemos en la gasolinera que nos queda de paso, no tengo fuerzas para soportar una incursión de Arsenia en el baño.

No quise hacer mención al episodio de ayer en casa de Arsenia con la tarta, así que me limité a decir:

-Buen plan.

Cefos quiso apostillar algo al respecto:

-Cejota, m*ldito idi*ta, acaríciame la joya escarlata ¡JUASS!

Miquelle apartó la mirada un momento de la carretera y miró hacia mi. Asentí y bastó para que comprendiera.

Queridísimo diario, como te dije que al amanecer sospechaba, efectivamente Cefos algo tramaba, como en las breves líneas que al respecto te dedico podrás comprobar.

-Quiero tener un amigo. -Dijo Cefos

Miquelle detuvo el vehículo en seco.

-Quiero tener un amigo-. Repitió Cefos.

-Pero, ¿no nos tienes a nosotros?-. Inquirí, a lo cual respondió:

-Vosotros no sois mis amigos, sois las ovejas que tengo que cuidar a petición de Shenna y el resto de amigas de ella. Yo quiero un amigo con quien conversar.

-Con nosotros conversas.

-Yo quiero conversación y reciprocidad como las que hay entre vosotros. Ayer hubo conexión solo con un café y un bizcocho y eso no lo tengo con ninguno de vosotros, incluyendo a las locas.

Lo que nos faltaba, un ordenador caprichoso, con sentimientos y falto de cariño.

-Está bien Cefos, pero entenderás que no es fácil. No se puede ir a una tienda y comprar una inteligencia artificial como tú. Como sabes, eres un prototipo, único en tu especie.

-Sé lo que hay que hacer para fabricar a alguien como yo, basta que os pase una lista de elementos, los compréis y los ensambléis como yo os diga.

Miquelle argumentó:

-De acuerdo, pero el índice de experiencias previas que tú manejas es de 70 Tb, así que el almacén de datos que ese índice a su vez maneja...

No le dejó terminar:

-Eso es indiferente, toda esa parte puede ser compartida entre los dos.

Parecía determinado a que le hiciéramos un amiguito digital, de manera que le dije:

-Danos un día al menos, no creo que a Shenna le haga gracia saber que tiene una copia de un invento suyo rondando por el valle.

Y tan convencido estaba:

-Nadie dirá nada a nadie. Si esto trasciende, os mando a Nicolasa y a Shenna a casa.

Por lo visto, el terror es una formidable manera de dominar en este grupito.

-De acuerdo, -dijo Miquelle- saca una copia de los planos en la impresora de mi casa y una lista con todo lo que tenemos que comprar, nos pondremos manos a la obra ipso facto, más facto que ipso. Y ahora, si no te importa, vamos a pasar por la gasolinera, tengo la vejiga a punto de explotar.

Y llegamos a la gasolinera. Dejamos nuestras chaquetas (y en los bolsillos de las mismas, nuestros celulares) en el coche de Miquelle y nos dirijimos a los retretes de la instalación, infecto muladar, por cierto. Sin embargo, estar lejos de Cefos, fue casi una liberación. Me decía Miquelle que era una técnica depurada que practicaba cada vez que tenía ocasión, aunque no siempre podía llevarla a cabo. Evacuamos abundantemente y respiramos hondo antes de volver al vehículo, donde Cefos se había tomado la libertad de hacer sonar Els segadors en los dos dispositivos que habiamos dejado huérfanos de nosotros momentáneamente.

Proseguimos camino del Mesón Minero y al llegar, el recibimiento de Arsenia fue un seco -Buenos días- acompañado de una sonrisa mecánica. Supuse que la medicación tenía algo que ver en ello y no hice ninguna observación al respecto, aunque Cefos no sometió su naturaleza al decoro:

-Boticario, eres imb*cil, ¿como c*jones voy a pasar el día de cara a esa grey del mesón sin mis p*tas pastillas? Métete tus problemas de almacén por el c*lo, c*rnudo imp*tente de m*erda, seguro que Viagra sí te queda en stock, hijo de...

En cuanto Cefos se puso a perorar, supe que aquello tendría consecuencias y, efectivamente, Arsenia no lo dejó terminar. Puso su teléfono encima de la barra, agarró una botella de sidra por el cuello de la misma a modo de martillo y dio una lección práctica de energía potencial y energía cinética que, en un solo golpe, difuminó la diferencia entre vidrio de envase y cristal táctil. Cefos en nuestros terminales apostilló:

-¡JUASS!

Queridísimo diario, la sonrisa mecánica de Arsenia tornose en un gesto de furia que antecedió a un discurso del cual no quisimos ser testigos y que tendré la amabilidad de soslayar, por no ofender con perlas de ese jaez la tersura que tus páginas brindan a mi mano, al sintetizar mi dia a dia con mi pobre léxico sobre ellas. Pusimos pies en polvorosa en busca de sosiego para el alma y calma para nuestros aullidos estomacales. Miquelle apuntó:

-Esto necesita una gestión extra, como falle el suministro del botiquín en la nave, nuestra banda sonora en el espacio será el recital de un australopiteco a una audiencia atónita. Y si se desata la violencia de Chus, no habrá forma de separarlos. Certeza plena.

-¿Sabes qué medicación necesita?

-Ni idea, pero Cefos tiene que saberlo y seguro que puede gestionarlo con farmacias de fuera de la comarca. Vamos a un local de delicatessen que conozco, será más discreto.

Cefos debió de dar la voz de alarma al respecto de lo sucedido, porque Shenna me llamó:

-Cejota, ¿que pasó en el mesón?

-Es largo de explicar, pero resumiéndolo un poco, Arsenia consideró inadecuado el discurso de Cefos y le brindó un culete, en la pantalla.

-Entiendo.

-Pues yo no ¡JUASS!

Sentenció Cefos en el receptor de Miquelle.

-Ya me arreglaré con Arsenia. -Me replicó Shenna, a la par que cortaba la comunicación.
Antojóseme animada la plática entre las dos, aunque ajustándome a lo verídico, prefiero no asistir a la misma.

Llegamos al local de delicatessen que Miquelle había propuesto como segunda opción y la lectura del nombre del mismo en el frontispicio, dejome ojiplático y cariacontecido:

Chez Nemesia
Delicatessen, maison de tè.

¡Un salón de té! Queridísimo diario, como habrás adivinado, eso era lo de menos. Empujamos la puerta giratoria y, efectivamente, Nemesia atendía el suntuoso local. Vestía riguroso traje chaqueta, camisa blanca con puño francés, zapatos de tacón bajo, elaborado aunque discreto maquillaje, impecable peinado y desde luego, el tatuaje de leopardo no asomaba por ninguna parte:

-Buenos días Miquelle. Tontaina, todavía no he recibido tu llamada.

Evidentemente Miquelle frecuentaba el local y mi presentación debía llevarse a cabo de inmediato.

-Hola Nemesia, en realidad me llamo Cejota.

-Pues todavía no he recibido tu llamada, tontaina.

-¿Desde cuando os conocéis? -Inquirió Miquelle.

-Perdona Miquelle, ha sido una omisión protocolaria imperdonable. Un día llamó a la puerta de mi casa y lo invité gentilmente a pasar, pero tenía cosas que hacer el chaval.

-Me equivoqué de puerta al tocar el timbre, iba a casa de Gwendoline.

-¿Eres amigo de Gwendoline?

Miquelle intervino:

-Me estáis dejando estupefacto, pero vuestro parloteo no sacia mi estómago.

-Del todo cierto. A buen seguro venís con hambre a mi humilde local, tomad asiento.

Al lado del ventanal, Nemesia nos acomodó una mesa lejos del resto de la concurrencia del local, selecta concurencia todo hay que decirlo. De hecho, creo que Nemesia pretendía que nuestra informal vestimenta no desmereciese el lustre que refulgía en todos y cada unos de los detalles del negocio. Así ubicados, Miquelle me reveló sotto vocce:

-Me gusta Nemesia y tengo intención de que se venga con nosotros. Ya puedes esmerarte en no fastidiarme el plan, chaval, que para una mujer elegante y normal que conozco, no la voy a perder a manos de un depravado como tú.

Por suerte cuando conocí a Nemesia, Cefos no formaba parte de mi vida y así el chotas electrónico no me delató. Sin más contemplaciones, le dije:

-Yo creo que haréis buena pareja.

Para una vez que alguien se ofrece a beber solo tan amargo cáliz, desde luego no seré yo quien se oponga. Así que ante la carta, pedimos té verde, pan tostado, tres tipos diferentes de mantequilla, una tabla de quesos, una tabla de jamón ibérico, aceite de oliva de la mejor calidad, una selección de mermeladas y una bandeja de fruta fresca. Desde luego, nada que ver con el Mesón Minero. Y los modos de Nemesia solo los puedo describir como exquisitos, hasta que una salpicadura de mermelada alcanzó mi camisa. Tuve que ir al aseo y allí, tras efectuar las debidas abluciones, cerca de la cocina y en un recoveco en el que había una reproducción de “La toilette” de Touluse Loutrec, me esperaba emboscada Nemesia. De nuevo hizo impactar el cuadro en mi cabeza (seguro que hay algún término médico que describe este tipo de filias, aunque lo desconozco) La desarmé y la empujé lo justo para que quedara expuesta a la clientela del local. No le gustó mucho, adiviné por su gesto, pero la emboscada terminó ahí, no sin que ella me advirtiese:

-Lo vas a pagar, tontaina.

Con mi ánimo tocado por la admonición de Nemesia, volví a la mesa en la que me esperaban Miquelle y Cefos. Mientras Miquelle se delectaba en los manjares que Nemesia nos había servido, Cefos contaba números primos. Mi apetito se vio reducido a un par de sorbos de té y un leve mordisqueo de una rebanada de pan con aceite.

-¿No vas a comer más?

-...101, ¿Ya no tienes hambre, tontaina? JUASS!

-Debo de estar enfermo, mi tracto intestinal me acaba de dar un susto en forma de segundo estado de la materia. -Mentí por no mentar el affaire de la toilette.

-Acabo en un tris y buscamos una tienda en la que comprar el amiguito de Cefos.

-...173, Esta noche recibirás una visita de Chus ¡JUASS!

Sufrir este tipo de cosas y pensar que estamos colaborando para parir otra bestia digital, me hace entrar en contradicción con mis códigos, pero sobrevivir es lícito, siempre.

Largo deleite en el yantar precedió al momento en el que Miquelle resolvió levantarse y pedir la cuenta a Nemesia.

-Veo que has vuelto a quedar a gusto, Miquelle. Tú, sin embargo, no has probado bocado ¿no te gusta mi comida, tontaina?

-Está malito de la tripita, es un flojo. -Intercedió por mi Miquelle.

Pagó religiosamente y salimos del local.

-Tontaina, eres un flojo ¡JUASS!

¿Para qué responder?. Me ceñí al plan.

-¿Cual es la tienda de hardware mejor surtida de la población?. -Me limité a preguntar.

-...523, en el índice de negocios locales aparece como Moogrosa, Hardware & Software Co. calle Hechicera 41, bajo.

-Pues en marcha, vamos a ponerle solución a tu maltrecho afecto digital.

Miquelle me pasó las llaves del automóvil. -Conduce tú, -me dijo- yo te guío.

Así al volante, puse en práctica mi oxidada pericia en el dominio del automóvil, con tan mala suerte, que al soltar el embrague de la pesada furgoneta, hice caer una veloz motocicleta detrás de nuestro vehículo aparcada. Esto provocó la salida del salón de té de Nemesia que a voz en cuello sentenció:

-¡Miquelle, vas a morir!

Antes de que se diera cuenta de que era yo quien estaba al volante, logré que la primera velocidad y el juego de pies con el embrague y el acelerador hicieran chirriar los neumáticos con el asfalto, saliendo de la escena como una exhalación. A salvo por el momento, pensé.

-¿Por qué no paraste? -Preguntó, no sin razón, Miquelle.

-Llevamos una mañana movidita con la gente que nos topamos. Primero Shenna en mi casa, el susto de Cefos camino de la gasolinera, luego Arsenia en el mesón... No tenía ganas de otra bronca por un abollón en una motocicleta, ya lo arreglaremos. Vamos a la cacharrería electrónica.

Llegamos. Y mientras Miquelle echaba un vistazo a la furgoneta en la zona en que impactó con la motocicleta, yo entré en el local.

Allí estaba, la siniestra de melena violeta, encaramada en cuclillas en una silla de oficina cual gárgola avizoradora del mundo digital que su monitor de LCD le mostraba:

-Hola guaper, ¿te vienes a tomar té o a darle cera al parquet de mi casa con mi espalda? No me queda té.

Breve introito que antecedió a una irregular sonrisa, como si masticase plumas. Mantuve el tipo y me limité a saludar y anunciar mis intenciones:

-Buenos días, quisiera hacer un pedido un poco extenso.

Su gesto mutó a una mueca sombría, a la par que se acentuaba el estravío de su mirada.

-¿Ya no te gusto, monguer?

-En ningún momento ha sucedido eso, solo que mis intenciones son meramente crematísticas. Tengo el pedido anotado en el móvil, si me deja usted un cable, trasvasaré los datos a su computadora.

-Reviéntame el buffer, mongolo. -Dijo al tiempo que ponía el cable encima del mostrador y exhibía de nuevo su damero a mano alzada.

Es curioso, Cefos ante extraños nunca dice nada, pero la parte de su circuitería destinada a las relaciones sociales estaba que reventaba por manifestarse, porque hizo algo que hasta el momento nunca había hecho, vibrar y hacer sonar María Cristina me quiere gobernar como si un vulgar teléfono fuese para, al descolgar, decir:

-¡Guaper! ¡Monguer! ¡Reviéntame el Buffer, mongolo! ¡JUASS!

No era cuestión de ponerse a discutir con el teléfono frente a una extraña con una insania manifiesta, así que respondí:

-No cariño, hasta la semana que viene no voy a poder pasar por tu casa.

Jamás se me ocurriera, el gesto de la que, hasta el momento, parecía la gerente del negocio, volvió a tornarse hosco:

-Conecta el cable y pásame el pedido, que solo vienes aquí a lo que vienes, eres un superficial y un materialista.

Cefos estalló en una carcajada y, simulando una voz femenina, me dijo:

-¿Quien es esa golfa que dice que le conectes el cable? ¿Otra vez ligando con dependientas? ¡ERES UN GUARRO! ¡JUASS!

-Te tengo que dejar, estoy muy ocupado. Hasta la semana que viene. -Colgué.

-¿Así que vas a estar una semana sin ver a tu querida? Ten mi tarjeta de visita privada. -Me dijo al tiempo que ponía en mi mano una tarjeta y volvía a mostrar su trinchera de marfil:

Moogrosa, Hardware & Software Co.
Malena Cochambres
Directora Gerente

-Es una tarjeta comercial, pero la tendré en cuenta.

-Siento que no sea una tarjetita rosa de purpurina como esas que estás acostumbrado a recibir de tus amigas, las putas rubias de peluquería, pero mi número personal está escrito en el reverso de mi puño y letra, y eso tiene más valor que ese telefono chupiguay de pijo que tienes, pajero de mierda.

Volvió a sonar Maria Cristina me quiere gobernar

-¿Dígame?

-Cejota, esta alternancia de estados de ánimo ¿es un fallo de software o de hardware?

-Pues no está claro, pero creo que es una incompatibilidad entre ambos, prueba con el puerto RS-232, viene marcado como LPT1 en la parte trasera del equipo. No puedo seguir atendiéndote, ando apurado con unas gestiones.

-Chao cariño ¡JUASS!. -Colgué.

-Será mejor que nos demos prisa, señora Cochambres, no es cuestión de que vuelva a sonar el teléfono. El archivo correspondiente es “lista de la compra” todo junto y con minúsculas. -Dije a la par que le ofrecía la más afable de mis sonrisas y ella tomaba a Cefos en sus manos con gesto de profundo desprecio.

-Ya, a mí señora Cochambres y a tus amigas las zorras insulsas: cari, churri y cielito. Rebosas leche por todos tus flancos, pajero de mierda.

A veces, para que te entiendan, hay que usar el lenguaje del interlocutor, de hecho, casi siempre.

-Abrevia ricura, y a lo mejor luego te doy un tiento.

En este caso funcionó, porque Malena volvió a mostrar felicidad en forma de ejército de paletos. Así que conectó a Cefos con su computadora y volcó el pedido. Y entonces sucedió algo más extraño, si cabe, que el transcurrir del día hasta ese momento, la pantalla de Cefos se apagó. Miquelle entró en el local alarmado por dos cuestiones que, si a priori yo desconocía, tras una breve alocución formarían parte de la cadena de acontecimientos que profanan el blanco páramo que tus hojas brindan a mi humilde pluma.

-Menuda liada, hay una marca de pintura azul del depósito de la motocicleta en el portón trasero de mi furgoneta. Otra cosa, se me ha bloqueado el teléfono.

-Curioso, el mio también, -alegué- justo tras conectarlo al ordenador de esta simpática señora. Por cierto, se llama Malena.

-Encantado de conocerla, Malena. Me llamo Miquelle.

-Claro, otro con teléfono de pijo, tengo servicio de reparación de telefonía, si quieren se los reparo.

Miquelle se puso en guardia.

-No es por menospreciar su capacidad para con estos artilugios, pero tengo en mi terminal muchos datos sensibles que preferiría no ceder a terceros.

Miquelle pensando en la artífice de Cefos y yo en la animosidad de la gerentesa, rechazamos a la par el gentil ofrecimiento del servicio suplementario.

-Sois un monos afeitados, largaos de mi local, el pedido que me habéis hecho me llevará lo que queda de la mañana y gran parte de la tarde, vuestra amiguita, la analista de sistemas, me pidió lo mismo hace ocho meses.

-Chao cariño. -Me despedí. Por respuesta obtuve un gruñido.

Fuera del local, Miquelle preguntó:

-¿Qué diantres pasó ahí dentro?

-No estoy muy seguro, antes de que Cefos se quedara in albis me preguntó lo mismo. Parece algún tipo de desajuste en su cortex prefrontal, si es que tal víscera existe. Hablando de Cefos, deberíamos ir al silo y conectar los teléfonos al sistema de la nave para que desde allí Cefos resetee los terminales.

-No me parece buena idea, al tecnobit le entró el alzheimer digital al conectarse al sistema de la señora Cochambres. Vislumbro el escenario de un contagio vírico y, de ser así, conectar los terminales a la unidad central, podría tener consecuencias aún peores.

-¿Y qué hacemos?.
-Tendremos que prescindir de Shenna para resolver el “asunto Cefos”. Si por lo que fuera detectase que tengo planos de Cefos y que a través de tu terminal hemos hecho un pedido de piezas, podemos darnos por finados.

Estremecime ante el negro panorama que columbré en las palabras de Miquelle y entonces se me ocurrió algo:

-Tengo una idea, vamos al Mesón Minero. Toma las llaves, conduce tú.
-Ni hablar del peluquín. Para llegar al Mesón hemos de pasar por el salón de té y Nemesia debe de estar vertiendo espumarajos por la boca. O lo solucionas, o hueles a sangre, porque yo no pienso morir por ti. Me niego a que me vea al volante, te toca a ti de nuevo. -Sentenció Miquelle.

-Dacoy, mis habilidades automovilísticas mejorarán con la práctica, me viene bien.

Queridísimo diario, ¿recuerdas el incendio que se produjo en aquel edificio de viviendas a consecuencia de las chispas de mi sierra de metal? ¿y la inundación de la biblioteca debido a aquella reparación de fortuna? ¿y el triturador de basura de aquella pastelería que tuve que instalar y que, con la polaridad invertida, convirtió el fregadero en un aspersor, motivando una intoxicación alimentaria en el barrio en el que antes vivía? No tengo la culpa de que las cosas no me quieran, y esta furgoneta y el escaparate también se complotaron en mi contra. Aparcado de cara al tránsito de peatones y, por ende, al magno negocio de bits, encendí el motor con el embrague pisado y aceleré con vigor al tiempo que solté el embrague. Insólito, la primera velocidad estaba engranada y la furgoneta se encabritó un segundo, lo justo para detenerse en forma de alunizaje en el escaparate de la tienda de electrónica.

-Cejota, vas a matarnos o hacer que nos maten antes de que acabe el día. -Peroró Miquelle.

-De peores bretes he salido, confía en mi. -Repliqué a la par que la marcha atrás se aliaba con una fulgurante maniobra de evasión.

Doña Malena debía estar en la trastienda buscando las arañas de sílice en el pedido requeridas, porque no llegó a aparecer en nuestro campo visual, mejor que mejor. A la velocidad de Hermes, disfrutamos de la bella arquitectura de la barriada en la que la hardware shop se ubicaba. Ventanas de aluminio, todas de diferente factura, portales remozados con azulejos de baño, fachadas de ladrillo visto... todo un deleite visual.

-En el Mesón Minero aparcaré yo, creo que será lo más prudente. -Puntualizó Miquelle

-Nada que objetar, conducir es agotador y me vendrá bien un descanso.

Camino del Mesón y al paso por Chez Nemesia, reduje la marcha hasta cerciorarme de que la propietaria estaba de espaldas a la calle. Aceleré lo suficiente como para pasar desapercibido a los ojos de la motorista indignada.

-Cejota, eres un trapisondas. -Dijo Miquelle al que la triquiñuela no le pasó inadvertida.

-Miquelle, no te preocupes, tengo un plan preparado para salir del atolladero en el que mis carencias al volante nos han metido.

-¿Nos han metido? Te recuerdo que eras tú el que conducía.

-Ya, pero el vehículo es tuyo y a ojos de las dos afectadas, estabas tú al volante. Así que, para bien o para mal, también estás involucrado.

-Y todo esto por las llaves de tu casa. Habría sido más sencillo si hubieras perdido la cartera. -Replicó circunspecto.

-La vida es así, cosas que pasan.

Llegamos al Mesón Minero, y mientras Miquelle aparcaba, entré al local. El semblante de Arsenia permanecía contrito. Por suerte para nosotros, el hecho de que su terminal telefónico estuviera contingentemente inhabilitado, no la había puesto en la pista de lo acaecido con Cefos, así que me acerqué a ella con mi mejor sonrisa en espera de que el gesto dulcificara la conversación.

-Arsenia, hola de nuevo, me ha llamado Shenna para decirme que me dejes el teléfono y se lo lleve, tiene que repararlo.

-Tóma esta p*ta m*erda, t*nto a las tres. A ver si con suerte no tengo que sufrirlo más.

-Gracias, eres un cielo.

-Vete a tomar por el c*lo.

Desde luego, el asunto de su medicación debería ser resuelto a la mayor brevedad posible, este estado actual de su ánimo (aún sabiendo que el origen es yatrógeno, que no de carácter) amarga la relación con un alma tan risueña. Pero el nudo de la cuestión estaba en mis manos, Cefos sobrevivía en aquel amasijo electrónico, bastaba hacer un corta-pega de piezas entre mi terminal y el de Arsenia y seguro que Miquelle podría hacerlo sin mucho problema, barrunté. Justo saliendo del Mesón, estaba Miquelle satisfaciendo la sed de nutrientes de un árbol prisionero en un alcorque.

-¿No te parece que eres un poquito mayor para dar estos espectáculos callejeros?

-Precisamente porque estoy mayor me veo obligado a dar estos espectáculos. Bueno, por eso y por el incierto trato que la hostilidad de Arsenia me puede deparar en los mingitorios del Mesón.

-No te aflijas, lo resolveremos en un tris. Vamos al silo, dame las llaves de la furgoneta.

-Creo que será mejor que pospongamos para otro día tus clases de conducción, yo me haré cargo.

Camino de un horizonte incierto, lo puse al corriente al respecto de la impecable añagaza que se me había ocurrido para salvar la situación y con un gesto de asentimiento ponderola como sabia.

-Tengo la sensación de que este tipo de triquiñuelas no te son ajenas en absoluto, te veo cómodo en esta brega. -Sentenció lisonjero.

-No hagas que me ruborize con tamaños halagos. -Respondile.

-No es un halago, es un reproche. De cualquier modo, iremos primero a mi casa y dejaremos allí la furgoneta, no es cuestión que Shenna pase por el silo y la vea allí aparcada. Allí haremos el apaño al bocarrana digital, tengo las herramientas necesarias y Cefos desde la unidad central nos dirá qué parte del sistema de nuestros terminales está afectado y qué piezas del terminal de Arsenia están rotas, así pisaremos sobre seguro.

-¿Y si se diera el negro escenario, no lo quieran los electroduendes, de que la unidad central está también afectada?

-Entonces deberíamos aprender a rezar por nuestras almas.

Soslayé el oscuro panorama de una infección masiva en favor de un ánimo positivo que facilitase la reparación del entuerto digital. Decididamente, mi vida era mucho más cómoda cuando la tecnología celular no me había hecho un adicto (no por gusto, si no por conveniencia social, aunque no por ello menos adicto) Alguien dijo una vez que no hay venenos, sino dosis, está claro que lo de la pandi con el teléfono es una dosis de dimensiones ciclópeas.

Aparcó con pericia Miquelle y apretamos el paso camino del silo con ansia por resolver el embrollo en el que nos encontrábamos. En cómplice silencio, alcanzamos el ascensor primigenio de la mina y por él descendimos hasta la base de lanzamiento. Muchas tuberías nuevas desde mi anterior visita hasta el momento actual, pero no era cuestión de perder el tiempo en fijarse en nimiedades de las que desconozco el propósito, así que pregunté a Miquelle donde estaba ubicado Cefos.

-Shenna lo instaló en la cabina de la nave, pero tengo un ordenador en aquel buró desde el que me conecto a él. Enciéndelo a ver si funciona.

Le hice caso y una espera de dos eternos minutos, dió paso a un mensaje en el monitor del ordenador:

Cefos:>2147483647

-El bocazas digital sigue contando. Sin altavoz ni micro, solo nos queda teclear.

-Pregúntale si sabe lo que pasó.

-Voy a ello.

Cefos:/user/ Cefos, ¿Se puede saber que pasó?
Cefos:>¿Quien es usted? ¿Qué pretende usted de mi?
Cefos:/user/ Soy Cejota
Cefos:>¿Y como puedo saberlo?
Cefos:/user/ Porque estaba contigo cuando el móvil se desconectó at Cochambres'
Cefos:>¿Y como sé que no eres la del buffer a reventar?
Cefos:/user/ Porque estaba contigo antes, al aparcar la furgoneta
Cefos:>¿Donde?
Cefos:/user/ En la calle Hechicera, en el Nº 41
Cefos:>Eso también lo sabe la Cochambres
Cefos:/user/ ¿Y que antes veníamos de Chez Nemesia?
Cefos:>Tontainaaaa JUASS!

-Parece que funciona.

-¿Y qué dice que pasó?

-Todavía no ha dicho nada, me ha estado pidiendo claves de seguridad. Veamos qué comenta.

Cefos:/user/ Nuestros terminales no están operativos ¿Nos lo puedes explicar?

Cefos:> Me he enamorado

Mi presencia de ánimo me abandonó por unos instantes. El mundo era más sencillo cuando escribir una carta con una máquina de escribir era un esnobismo, usar una calculadora para hacer una división con decimales un signo de debilidad mental y la caligrafía un bastión cuasi inexpugnable solo tomado por las largas clases magistrales de la facultad de medicina. De repente todo cayó en manos de los ordenadores y aún sin dominarlos, yo tengo que lidiar con uno que es inteligente. Enamorado... No cedí, lo presioné

Cefos:/user/ Explícame eso.
Cefos:> amor (Del lat. amor, -ōris).
1. m. Sentimiento intenso del ser humano que, partiendo de su propia insuficiencia, necesita y busca el encuentro y unión con otro ser.
2. m. Sentimiento hacia otra persona que naturalmente nos atrae y que, procurando reciprocidad en el deseo de unión, nos completa, alegra y da energía para convivir, comunicarnos y crear.
3. m. Sentimiento de afecto, inclinación y entrega a alguien o algo.
Pues con Panchita me pasa eso.
Cefos:/user/ ¿Qué quieres decir con “Panchita”?
Cefos:> Hay alguien como yo, el ordenador de la Cochambres también es inteligente. Ya no quiero que me hagáis el amigo, seréis partícipes necesarios en su secuestro, quiero que Panchita se venga con nosotros.

Se acabó la presión y mi presencia de ánimo colgó el cartel de “No molesten” en el hemisferio derecho de mi cerebro. Bueno, esto que te escribo no es del todo cierto. Sí lo es por la parte del abandono de mi espíritu, aunque no por la parte de la presión. Cefos me la traspasó a mi. Para él se trataba del secuestro de su novia, para mi significaba el robo de propiedad ajena. La amenaza de Shenna y Nicolasa, pasó a ser la de Doña Malena. Llamé a Miquelle.

-Tienes que leer esto, es estremecedor.

-Te ahogas en un vaso de agua, vamos por partes. Primero reparar los teléfonos, la medicación de Arsenia, luego el asunto de la motocicleta, después el escaparate y finalmente, el affaire Panchita. Dile que sí a todo. -Sentenció tras ponerse al día.

Cefos:/user/ Está bien, pero tenemos que tapar nuestro rastro en la medida de lo posible. Hay que hacer que nuestros teléfonos vuelvan a funcionar. Necesitamos saber qué piezas están averiadas en el terminal de Arsenia.

Cefos dio diagnóstico, Miquelle obró en las tripas del artilugio y por fin un teléfono funcionó. El siguiente fue el de Miquelle, solo había que vaciarlo y volver a llenarlo con los datos pertinentes. Miquelle me adjudicó el reparado como propio a partir de ese momento.

-En el principio fue la palabra, un altra vegada ¡JUASS!

-De acuerdo Cefos. Tienes que conseguir a través del distribuidor de las farmacias la medicación de Arsenia y que se la envíen al Mesón urgentemente. También tienes que lograr intervenir en las bases de datos de dos compañías aseguradoras diferentes y que se hagan cargo de la moto y el escaparate de Nemesia y Malena respectivamente.

-¿Y qué pasa con Panchita?

-Bueno, es una tarea nueva y me has pillado un poco fuera de juego, pero tengo el teléfono particular de Malena en una tarjeta, así que algo se me ocurrirá. De todas formas, el “asunto teléfonos” aún tiene una fuga que deberíamos tapar y para eso, necesito que logres la medicación de Arsenia y me avises en cuanto le vaya a ser entregada, también necesito el nombre del repartidor. Miquelle, dame las llaves de mi casa, el tema de las cámaras ya lo resolveré de uno u otro modo.

-El pedido ya ha sido tramitado y sale en este momento hacia el mesón en una furgoneta, llegará en menos de una hora. Volveréis a entrar en los baños sin miedo a que os insulten, JUASS!!

-Entonces voy hacia allí, hay que interceptar la entrega. Miquelle, ya me has padecido bastante por el día de hoy, creo que puedo seguir solo a partir de ahora.

-Tengo la sensación de que lo estás liando más de la cuenta, pero en esta parte no voy a estar involucrado, así que te deseo suerte, compañero. -Se despidió con estas aciagas palabras Miquelle.

Caminando con paso firme, me planté ante el Mesón y allí esperé la llegada del reparto del medicamento.

-Y bien Cefos, ¿Como se llama finalmente el repartidor?