viernes, 31 de octubre de 2014

El sujetador

Ensimismada en el teléfono, no se percató del escrutinio al que su nariz y sus labios estaban siendo objeto. Cuando el intercambio de mensajes cesó, ella se giró repentinamente.

-¿Qué miras?
-Lo bien cuidadas que tienes las uñas.
-No estabas mirando mis manos.
-Estaba pensando en que me gustaría dibujar la línea del perfil de tu nariz y al llegar a tus labios, mordértelos.

Ella se ruborizó, se acomodó en la silla, se irguió y el sujetador le molestó. En un gesto muy natural, se lo colocó pellizcándoselo en los costados provocando así dos casi simultáneos "clacs" del elástico en su piel. La sonrisa de él hizo que el arrebol incendiase su cara.

domingo, 19 de octubre de 2014

sábado, 4 de octubre de 2014

La propina

Él no quería que la conversación terminase. Así que en un aparte, le soltó 20 euros al camarero para que no faltara la cerveza en su mesa. Ella hablaba y hablaba y él asentía, o hacía una pequeña observación que a ella la animara a seguir hablando. El camarero solo tenía que estar atento a las botellas vacías y llegar con botellas llenas acompañadas del más veraz "invita la casa" que podía pronunciar. En la cuarta ronda, ella le dijo:

-Dile que al camarero que se quede el resto de propina. Gracias por la cerveza, a mi cuerpo te invito yo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

Blanco y negro

El trabajo era monótono, siempre era una casa distinta, pero para ella era siempre la misma casa, una casa ajena que alguien había maltratado y manchado y a ella le tocaba limpiar para el próximo inquilino. Sin embargo, mientras sus compañeras se quejaban de el olor de los productos de limpieza y de la aspereza que producían en sus manos, ella se evadía con el recuerdo de aquella noche de invierno, de aquel encuentro furtivo con aquel casi desconocido que le regaló una rosa de papel y que con una bolsa de tabletas de chocolate, la invitó a ver el mar desde el cerro más alto de la ciudad dentro de su coche.

-De noche no se ve el mar.
-Hoy hay luna llena, llegan dos mercantes al puerto y desde el cerro, se ven las luces de la avenida. Será el mar más bonito que hayas visto nunca.

El tipo sabía como convencer a una mujer y ella se dejó llevar. Así, de camino a lo alto de las afueras, encendió el aire acondicionado al máximo y le dijo:

-Abrígate, sino el vaho de nuestra respiración empañará el cristal y no será lo mismo.

Al llegar al destino, buscó una parte del aparcamiento poco concurrida y con buena vista.

-Esto es un picadero.
-Bueno, es una forma de verlo. Para mi es un mirador y no va a pasar nada que no queramos.

Ella le sonrió y el mar le regaló la vista prometida. Las luces de navegación de los mercantes reflejadas en el agua, la sombra de estos en el mar bajo la luz de la luna, la línea discontinua de las luces de las farolas del paseo, como una ordenada columna de luciérnagas...

-¿Que chocolate te gusta?
-Muy dulce, el blanco.
-No sabía cual y compré una tableta de cada. Están en el suelo, a tus pies, al lado de la salida del aire acondicionado. Frío está más rico, pásame la tableta de chocolate negro.

Y así, poco a poco, la brisa del mar se coló por las rendijas de las ventanillas del coche, llevando en volandas el olor de las algas en las rocas en plena marea baja. La bruma se alió en contra de las vistas, acumulándose en forma de fina escarcha en el cristal, el limpiaparabrisas apartó la lámina con un “crass, crass” que parecía emular el crujido del chocolate entre los dientes. El se inclinó hacia ella en busca de una bayeta en la guantera y sin querer la rozó. Ella también lo rozó sin querer. Y sin querer, se robaron un beso.

A la hora de la comida, mientras hablaba con sus compañeras de lo sucia que estaba la casa, se deleitaba en el postre, dos onzas de chocolate. Una blanca y otra negra.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Refugio

El calor del día se fue por el desagüe de la ducha y su camiseta amiga y sus braguitas de algodón la acompañaron a la cama. Se congratuló de que fuera sábado y las sábanas frescas con olor a jabón de Marsella se estrenaran en su piel. Las zapatillas se quedaron haciendo guardia al pie de la cama, refugio de su descanso. Antes de apagar la luz, sonó el teléfono, era él. Hace falta muy poco para excitarse y su voz era demasiado.

El respaldo de la silla

Su vestido reposaba, exhausto de las miradas de él, en el respaldo de la silla. Por la puerta de la habitación, el pasillo filtraba la luz del día. En la cocina, ella preparaba el café de la mañana, desvestida con la camisa de él.

jueves, 26 de junio de 2014

Amor prestado

Es curioso como su vida se había ido reduciendo al minimalismo. Se había deshecho del coche, al fin y al cabo la bicicleta y el transporte público le llevaban más rápido a todas partes. El reproductor de DVD y la tele por cable siguieron el mismo camino. La televisión en abierto no ofrecía nada interesante, así que el monitor también salió de casa. La alienación de la pantalla del ordenador dejó de ofrecerle entretenimiento, así que cortó la conexión de banda ancha. El teléfono solo sonaba para escupir mensajes estúpidos a través de ese servicio de mensajería instantánea gratuito. Información inútil que también canceló, vendiendo su móvil de última generación en favor de un aparato sencillo que le ofrecía la comunicación necesaria.

-Necesario viene de necesidad, no de "necesito un Ferrari".- Le gustaba pensar.

También su armario se llenó de espacio. Hizo cuatro montones de ropa, dos de verano y dos de invierno y se quedó con los dos que iba a usar. Y lo propio con el calzado. La lencería de cama y de baño sufrió el mismo recorte. Y la cocina, claro. Una persona, un plato hondo, un plato llano, una taza, un cuchillo un tenedor, una cuchara, una sartén, una cacerola... 

Siempre hay una chispa que inicia este tipo de cambios, no llegan por casualidad. En el caso de Pedro vino tras una ruptura traumática.

-Te dejo, estoy liada con mi jefe.

No fue un trauma como el de aquel que tropieza y se rompe un pie, fue más bien como el de aquel que, embelesado con el paisaje, recibe un empujón que lo lanza al vacío. Desde entonces, dejó de pasear por las calles llenas de escaparates, llenos de público con ojos vacíos deseando llenar sus vacías vidas con ropa de moda, con zapatos de moda, con cocinas de diseño y muebles huecos laminados en plástico. Escogió un parque de su ciudad muy tranquilo, con amplios espacios para pasear, zonas de sombra, bancos cómodos y un pequeño kiosco de música en el que atecharse en invierno, al lado del rumor del agua de una fuente.

Las estaciones se sucedieron y la tranquilidad del kiosco se trocó en bullicio estival, pero el rumor del agua de la fuente también aportaba frescor, así que siguió paseando por el parque y buscando refugio en el kiosco. Sin embargo, el griterío de los niños se unió al chirrido de la cadena de la bicicleta mental en la que se había convertido la soledad de su ruptura.

Uno no se pasa nueve meses visitando un lugar sin pasar desapercibido, y así, unos ojos curiosos rompieron su soledad del modo más sencillo.

-Hola, siempre escoges este sitio para sentarte ¿puedo sentarme también yo?

Levantó la vista de la lectura y la propietaria de aquella voz también era dueña de una cara amable.

-Bueno, no tenía planeado tener conversación, pero tampoco me vendría mal, me llamo Pedro.

-Yo me llamo Nuria, encantada.

Él sintió alivio, como si de repente el dolor de su ruptura recibiese un calmante. Ella notó que tendría que llevar el peso de la conversación, así que tomó las riendas. Le contó que era pintora, que lo había estado fotografiando desde hacía cuatro meses, que había iniciado una serie de bosquejos a partir de las fotos, que hacía mucho calor, que estarían mejor ante una taza de té con hielo, que lo invitaba a tomar ese té en su casa y así podía ver su trabajo...

Se dejó llevar, se tomó esa invitación como amor prestado.

jueves, 19 de junio de 2014

Cortando amarras.

Le encantaba la libertad que librarse de lastres proporcionaba. Él sabía que el corte del cabo iba a ser certero, y se recreó en el proceso. La mano derecha al bolsillo, el frío tacto de la navaja en la palma, el pulgar abriendo la hoja, el duro filo inoxidable apoyado en el tenso cabo y de un solo tirón, la hoja separa el lastre de su pasado del veloz surcar del velero sobre el proceloso mar. Empujado por los vientos portantes, un grito en la popa llegó a sus oídos, pero él se concentró en los dígitos que en pocos segundos pasaron de diez a doce nudos en el display de la corredera. En menos de un minuto, el grito se disipó en el ululato del viento entre la jarcia. Estaba claro, ella estaba de más en la cubierta.

lunes, 5 de mayo de 2014

El mundo interior

Es curioso como lo políticamente correcto convive en nuestra cabeza con esa bestia que procuramos no mostrar al entorno que nos rodea. También es curioso como interactúan sin entorpecerse y eso nos hace la vida más sencilla.

-Buenos días.- Le dices a la vecina del piso de arriba, mientras le sujetas la puerta y piensas: A ver si domas a las bestias, que estoy del ruido de las canicas y el patinete por el pasillo hasta los cojones.

-Y si no te importa, ponme cuarto y mitad de ternera y cerdo picado para la bolognesa.- Y por dentro estás pensando en la puerta de tu coche machacada, porque el cenutrio no tiene cuidado al aparcar en la plaza contigua a la tuya.

Sin embargo, hay veces que tu mundo interior salta a la arena del ruedo en las situaciones que menos te convienen. Porque en el fondo, que el carnicero o la vecina de arriba te odien por querer vivir tranquilo, te la suda. Pero que alguien que te importa no quiera volver a saber de ti por mostrarle tu afecto, te deja una sensación de vacío.

-Te daba hasta sacarte los ojos.- Y la estanquera me echó del local.

Ya no puedo volver a mirarle el culo cuando se da la vuelta a coger el paquete de Pueblo del estante, los hijos de la vecina de arriba siguen jugando a las canicas en el pasillo, y su marido sigue machacando la puerta de mi coche al abrir la suya.

domingo, 4 de mayo de 2014

Un rato agradable

A Silvia la rutina la está asfixiando. La rutina y la carestía afectiva. Pero eso va a cambiar, esta mañana un contribuyente con pagos pendientes le había dejado una tarjeta. Una tarjeta personal.

-Llámeme cuando sepa como se resuelve el asunto.- Le dijo Pablo (Así decía la tarjeta que se llamaba el tipo)
-Yo no me encargo de ese tipo de notificaciones, recibirá una de la administración en un plazo de...
-Entonces llámeme cuando quiera pasar un rato agradable.
-¿Qué quiere decir con agradable?
-Pues gozar de lo que a usted le agrade, soy fácilmente amoldable. Le estoy proponiendo una cita y no va a pasar nada que usted no quiera. Conoce todos mis datos y ahora también mi teléfono. Si quiere, puede traer carabina.- Y seguro de sí, le guiñó el ojo y se fue.

Son las cinco de la tarde y Silvia llama a Pablo.

-Hola Pablo, soy Silvia, he pensado en tu propuesta y creo que la voy a aceptar.
-Me parece muy bien,¿que te apetece que hagamos?
-Quiero que vengas a casa y me vandalices el coño.

miércoles, 5 de marzo de 2014

Comunicación

La soleada tarde se nublaba con cada silbido del Whatsapp. La cita pasó de ser un baño de sol acompañado por una conversación insulsa y un mono con platillos dentro de mi cabeza, a una tormenta al lado de una autista tecleando compulsivamente en una pantalla y una voz que susurraba: Mátala.

Alegué premura por el excusado y salí sin que se diese cuenta de que no iba a volver a la mesa.

miércoles, 26 de febrero de 2014

Las escaleras

Llegó al portal justo cuando la vecina salía del ascensor. La adorable adolescente había cambiado su perfume. En realidad lo relegó a una esquina de su armario en favor de una colonia más fresca.

Es curioso como los olores te transportan en el tiempo y en el espacio, como de repente ese olor a canela te recuerda aquella cocina en la casa de pueblo en la que tu madre se desenvolvía como pez en en el agua, y aquel camión de bomberos al que le faltaba la rueda delantera derecha, con el que jugabas mientras las galletas inundaban toda la casa con aroma a canela y limón. 

El trayecto en el ascensor, impregnado de Eau Jeune, hizo muy presente a Victoria. De una forma vívida, las palabras "Estoy liada con otro" volvieron a sonar en su cabeza. La sensación de vacío, de ausencia, atenazó su estómago. Se detuvo el ascensor. Decidió que la vecina ya no era tan adorable y que era hora de hacer caso al médico y empezar a subir y bajar escaleras.

lunes, 3 de febrero de 2014

Darwin app

Caminaba mirando al móvil, la conversación a través de wassap con su madre era absorbente.

K tal en la autoscuela?????
Vien primera clase praktia
Ija cuidadok l coche es peligoso

No hubo respuesta. Al cruzar la calle sin mirar, con el semáforo en rojo, el siguiente alumno de la autoescuela la atropelló.

sábado, 18 de enero de 2014

La espalda

En medio del armario especiero había un tarro vacío, lleno de aquella caricia en la espalda por la que la recordaría toda la vida.

miércoles, 8 de enero de 2014

Sobre la credibilidad

-El problema es que ya no te cree, ni te creería.
-Hubo un tiempo en que pensaba así, pero si no me cree ni me creería, ya no hay problema.

domingo, 5 de enero de 2014

Sobre gastronomía.

No eres capaz de entenderlo. Si comes despacio, lo saborearás más y así, comerás más, simple mortal. La diosa abrió sus piernas y nos alimentamos de amor largo y tendido. Nunca más volví a tener prisa en la mesa, nunca más dejé que alguien hablara con comida en la boca en mi presencia, nunca más dejé que alguien eructara a la hora de comer.