viernes, 22 de junio de 2018

Fuera de lo común.

Sentada en el taburete, inclinada sobre la guitarra, su habilidad encontraba los acordes el ritmo y el compás que su compañero de guitarra le acababa de explicar sobre la canción de los Beatles. De cuando en vez, levantaba su melífera mirada buscando respuesta a alguna duda en la posición de la mano de su compañero. El tema llegó a su fin, y una breve sonrisa de satisfacción se dibujó en su boca, la sonrisa de quien sabe reconocer un trabajo bien hecho. Se sintió un poco orgullosa, menos normal.

Serpenteo

Ella serpenteaba. Sí, hay personas que se mueven a pequeños saltos como los cachorros, otras con grandes y pesadas zancadas como si fueran grandes herbívoros de la sabana y ella serpenteaba, sí. Uno no se da cuenta de la erótica de ese movimiento hasta que llega a tu espalda, asoma la cabeza por encima de tu hombro y se pone a leer tu partitura preguntando: ¿Qué canción es?
Aquella noche no se acercó a las partituras, una inquietud la sostuvo en larga conversación con su amiga, pero los vaqueros, la camisa blanca, la chaqueta de cuero y el pelo recogido en una breve coleta vestían su sensual serpenteo cada vez que su brazo se extendía para agarrar su cerveza por el gollete.

Coloratura

Su perfil se asomaba al público justo por encima del micrófono. Pequeña ante la inmensidad, su voz pintó de colores el aire del escenario. Dicen que desde entonces el aire hace cola para pasar por su garganta, para vestirse de bonito.