viernes, 24 de agosto de 2018

La hiladora de sueños.

Dicen que es peligroso pedir, porque se te puede conceder y el sueño convertirse en pesadilla.
Popea siempre soñó con el amor,  y cada vez que lo encontraba, lo convertía en pesadilla. Fue así desde el principio, siempre escudándose en la libertad que a sus repetidos amantes exigía pero ella no concedía. El tiempo de penar por los desamores de Popea pasó cuando convirtió a su último amante en objeto de escarnio público y el público vio que todo aquello era despecho, rabieta e infantilismo disfrazado de maltrato. La vida sigue, a él se le respeta, a ella se la mira con indiferencia.

-No es justo. -Lloró Popea.

Popea no entendía que la justicia no tiene nada que ver, que todos los sueños de los que se pretendía hiladora, no eran más que pesadillas que ella forjaba a golpe de martillo.

lunes, 20 de agosto de 2018

Ojos que no ven

Desde fuera era un beso de amigos. Pero ella sentía que le besaba las lágrimas, la alegría, las dos breves semanas que se amaron, los cigarrillos compartidos, las tostadas con aceite, el viejo vestido con el que andaba por casa, las uñas que cambiaban de color cada tres días, el calor del sexo, el rubor que la fija mirada de él sabía hacer brotar... Los ojos que vieron ese beso estaban ciegos.

viernes, 10 de agosto de 2018

Esclavo de los sentidos

Más allá de su piel, sus facciones, su aroma, su sabor y su voz estaba su alma. Él lo sabía, pero nunca llegó a ella. Vivía encadenado a sus sentidos.

Justo a tiempo.

Las frustraciones que los juegos del corazón provocan, me llevan a mantenerme lejos de ellos. Y sin embargo, no olvido el vértigo que provoca asomarme, ese estremecimiento cuando llega quince minutos tarde y dice: Perdona la espera.
Y solo te sale responder: Llegas justo a tiempo, ya no te podía echar más de menos.

jueves, 2 de agosto de 2018

Panorámica

Mientras el mundo a su alrededor se apresuraba a exprimir el verano, él disfrutaba de su cerveza a la sombra pensando en las marcas de sol que los bikinis le regalarían a lo largo del otoño. Sonrió y pidió a la camarera una segunda cerveza, adivinando que se volvería a inclinar para servírsela y regalándole así una panorámica de su pálido escote.