Dicen que es peligroso pedir, porque se te puede conceder y el sueño convertirse en pesadilla.
Popea siempre soñó con el amor, y cada vez que lo encontraba, lo convertía en pesadilla. Fue así desde el principio, siempre escudándose en la libertad que a sus repetidos amantes exigía pero ella no concedía. El tiempo de penar por los desamores de Popea pasó cuando convirtió a su último amante en objeto de escarnio público y el público vio que todo aquello era despecho, rabieta e infantilismo disfrazado de maltrato. La vida sigue, a él se le respeta, a ella se la mira con indiferencia.
-No es justo. -Lloró Popea.
Popea no entendía que la justicia no tiene nada que ver, que todos los sueños de los que se pretendía hiladora, no eran más que pesadillas que ella forjaba a golpe de martillo.
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