domingo, 22 de diciembre de 2013

Selenita

-A mi me afecta mucho la luna.
-Lunática.

Lou Lou

Acababa de ponerse en rojo el semáforo de peatones. Habría podido apretar el paso mientras el verde parpadeaba y en un par de zancadas alcanzar la otra acera, pero no tenía ninguna prisa. Así que allí, relajado, esperaba que volviera a cambiar el color de la luz. La brisa del mar le traía ese olor a sal que se pega a las paredes de las fosas nasales y esa ofensa en forma de gota que cuelga de la nariz, bonita forma de empezar el invierno. A su derecha, un vigoroso taconeo en la acera anunciaba premura en algún recado y un contoneo de caderas digno de admirar, seguro. No movió la cabeza, el taconeo solo podía dirigirse al paso de peatones, esperó a que se pusiera a su lado. Aquél sonido trajo consigo mucho más que ritmo auditivo y visual, trajo a Ana en forma de olor. Porque olía a Lou Lou. Es un olor muy poco habitual “pasado de moda” leyó una vez, como si oler al primer amor fuera una moda.

martes, 3 de diciembre de 2013

Felicidades

Se acercó al mueble y escogió una carpeta. La funda de plástico conservaba en estado óptimo el Rubber Soul original. La portada hacia tiempo que no le transmitía nada, pero sacar el disco de la fundilla de plástico interior liberó todos los recuerdos de la primera vez. Porque no solo la carpeta de cartulina gruesa tenía olor, también el pegamento que mantenía la solapa y el propio vinilo desprendían su propio aroma. La estática se había portado bien, el reflejo de la luz apenas revelaba un par de motas en la superficie del disco, bastó soplar con suavidad. Con cuidado puso el disco sobre el plato y agachándose, sopló también la aguja. Levantó el brazo, dejó que el plato tomase velocidad y con precisión y sin titubeo, apoyó la aguja en el surco. El acorde de Mi sonó cuando volvió a acurrucarse a su lado en la cama y ella le dijo: 
-Norwegian Wood, te has acordado.
-Felicidades

lunes, 2 de diciembre de 2013