La soleada tarde se nublaba con cada silbido del Whatsapp. La cita pasó de ser un baño de sol acompañado por una conversación insulsa y un mono con platillos dentro de mi cabeza, a una tormenta al lado de una autista tecleando compulsivamente en una pantalla y una voz que susurraba: Mátala.
Alegué premura por el excusado y salí sin que se diese cuenta de que no iba a volver a la mesa.
Alegué premura por el excusado y salí sin que se diese cuenta de que no iba a volver a la mesa.