Él no quería que la conversación terminase. Así que en un aparte, le soltó 20 euros al camarero para que no faltara la cerveza en su mesa. Ella hablaba y hablaba y él asentía, o hacía una pequeña observación que a ella la animara a seguir hablando. El camarero solo tenía que estar atento a las botellas vacías y llegar con botellas llenas acompañadas del más veraz "invita la casa" que podía pronunciar. En la cuarta ronda, ella le dijo:
-Dile que al camarero que se quede el resto de propina. Gracias por la cerveza, a mi cuerpo te invito yo.
-Dile que al camarero que se quede el resto de propina. Gracias por la cerveza, a mi cuerpo te invito yo.
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