sábado, 4 de octubre de 2014

La propina

Él no quería que la conversación terminase. Así que en un aparte, le soltó 20 euros al camarero para que no faltara la cerveza en su mesa. Ella hablaba y hablaba y él asentía, o hacía una pequeña observación que a ella la animara a seguir hablando. El camarero solo tenía que estar atento a las botellas vacías y llegar con botellas llenas acompañadas del más veraz "invita la casa" que podía pronunciar. En la cuarta ronda, ella le dijo:

-Dile que al camarero que se quede el resto de propina. Gracias por la cerveza, a mi cuerpo te invito yo.

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