El calor del día se fue por el desagüe de la ducha y su camiseta amiga y sus braguitas de algodón la acompañaron a la cama. Se congratuló de que fuera sábado y las sábanas frescas con olor a jabón de Marsella se estrenaran en su piel. Las zapatillas se quedaron haciendo guardia al pie de la cama, refugio de su descanso. Antes de apagar la luz, sonó el teléfono, era él. Hace falta muy poco para excitarse y su voz era demasiado.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se aceptan todo tipo de mensajes sobre el texto, incluso si es para informar sobre faltas de ortografía