A
Silvia la rutina la está asfixiando. La rutina y la carestía afectiva.
Pero eso va a cambiar, esta mañana un contribuyente con pagos
pendientes le había dejado una tarjeta. Una tarjeta personal.
-Llámeme cuando sepa como se resuelve el asunto.- Le dijo Pablo (Así decía la tarjeta que se llamaba el tipo)
-Yo no me encargo de ese tipo de notificaciones, recibirá una de la administración en un plazo de...
-Entonces llámeme cuando quiera pasar un rato agradable.
-¿Qué quiere decir con agradable?
-Pues gozar de lo que a usted le agrade, soy fácilmente amoldable. Le estoy proponiendo una cita y no va a pasar nada que usted no quiera. Conoce todos mis datos y ahora también mi teléfono. Si quiere, puede traer carabina.- Y seguro de sí, le guiñó el ojo y se fue.
Son las cinco de la tarde y Silvia llama a Pablo.
-Hola Pablo, soy Silvia, he pensado en tu propuesta y creo que la voy a aceptar.
-Me parece muy bien,¿que te apetece que hagamos?
-Quiero que vengas a casa y me vandalices el coño.
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