Casi no sabía de ella, hacía poco que la conocía y sin embargo no quería
que el tiempo que transcurría entre cada encuentro se alargase, porque
los segundos que se perdía su sonrisa le parecían un desperdicio, porque
cada instante que no sentía el calor de su mano tiritaba, porque el
césped evocaba su abrigo. Y él vivía rodeado de césped, en una casa fría
y hacía dos horas que no la veía.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se aceptan todo tipo de mensajes sobre el texto, incluso si es para informar sobre faltas de ortografía