Su trabajo lo llevaba a sitios lejanos durante largas temporadas. Su
última desaparición fue de dos meses en Argelia y por fin tenia unos
días de vacaciones. Coincidía la fecha de vuelta con el día de San Jordi,
así que salió a cazar un dragón, o (en su defecto) comprar un libro y
una rosa. No se complicó, sabía que ella pasaba unos días duros y buscó
algo liviano. Escogió La conjura de los necios, de John Kennedy Toole,
por extraño que pareciera, ella no lo había leído y él lo sabía. Así,
con la rosa en la mano y con el libro bajo el brazo, se dirigió al nido
del águila en el que ella vivía y una vez en el portal, la llamó por
teléfono.
-Hola, cuanto tiempo ¿Que tal te va?
-Bien, he vuelto de vacaciones, me han dado diez días.
-¿Hoy precisamente?
-Sí, curiosa fecha, ¿no?
-No lo digo por la fecha, lo digo por mi, tengo gripe y un problema de tuberías en el baño de casa.
-Lástima, salí a cazar un dragón.
-No me digas eso. ¿Donde estás?
No
quería incomodarla con su presencia cuando ella se sentía a disgusto
con su entorno más cercano (Ella y su casa) así que mintió.
-En un merendero con unos amigos.
Sonó el campanario e hizo eco en el teléfono.
-Mentiroso, sube.
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