No la miraba, impregnaba sus retinas con su imagen, tampoco la escuchaba, grababa su voz en su memoria. Todo en un intento de recordarla en los momentos en los que ella no estaba.
-Estás alelado.
Le decían sus amigos cuando lo veían cabizbajo o con los ojos cerrados, intentando evocar su voz, su silueta y sus gestos.
-Sí, no me encuentro bien.
Prefería responder así que dar más explicaciones y puesto que siempre fue un solitario, sus amigos le creían. Todos menos ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Se aceptan todo tipo de mensajes sobre el texto, incluso si es para informar sobre faltas de ortografía