No dominaba la poesía, siempre fue de prosa (prefirió los manuales de
usuario a la literatura) pero ahora quería explicar esa parte de la
máquina que no funcionaba y no podía. No entendía que era exactamente lo
que fallaba, todo era perfecto (le gustaba mirarla, oírla, saborearla,
olerla y tocarla) toda ella lo excitaba, pero no era capaz de encontrar
las palabras para decirle "Te deseo" sin que sonaran estúpidas en su
boca. Esa noche no fue excepción, sentía su calor y su olor a su lado y
su tersura en las yemas de sus dedos, una leve luz de la calle se colaba
por las rendijas de la persiana iluminando el perfil de esos labios que
a él lo traían por el camino del peligro. ¡Vaya mierda! quería sudar
pasión y solo encontró alivio en un cigarro (Faltaban cinco días para
cumplir cuatro meses sin fumar, pero el ansia le pudo) Volvió a la cama
sintiéndose un poco inútil y ella le acarició la mano y lo reconfortó
con tiernas palabras (no recordaba cuales, pero se sintió aliviado) Ya
no había nada que hacer, el sueño se había desvanecido, así que se
levantó con cautela para no despertarla y tecleó en su ordenador "No
eres un buen mecánico"
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