Tengo un amigo que vive en una casa de campo y hace muchos años rescató
a un cuervo con un ala rota. El bicho nunca más pudo volar, así que se
quedó en casa (donde caben tres, caben cuatro) y así fue uno más. El
cuervo, como los loros, aprendió palabras y otras cosas. Entre ellas,
que el gato de la casa le tenía ganas y no de cariño. Un día el cuervo
relacionó las estampidas del gato con los ladridos del perro. Así que el
cuervo aprendió a ladrar, y cada vez que el gato se le acercaba con
aviesas intenciones, el cuervo ladraba y el gato volaba.
Que bueno!!!
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