sábado, 23 de noviembre de 2013

La importancia de saber idiomas

Tengo un amigo que vive en una casa de campo y hace muchos años rescató a un cuervo con un ala rota. El bicho nunca más pudo volar, así que se quedó en casa (donde caben tres, caben cuatro) y así fue uno más. El cuervo, como los loros, aprendió palabras y otras cosas. Entre ellas, que el gato de la casa le tenía ganas y no de cariño. Un día el cuervo relacionó las estampidas del gato con los ladridos del perro. Así que el cuervo aprendió a ladrar, y cada vez que el gato se le acercaba con aviesas intenciones, el cuervo ladraba y el gato volaba.

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