El corpiño es especialmente ceñido y desembarazarla del mismo se me hace cuesta arriba. De coqueta sonrisa pasa a esbozar una incipiente risa y no se detiene ahí. Cuando la risa pasa a casi incontrolable y la búsqueda de los corchetes o cremallera imposible, abre un cajón y me alcanza unas pequeñas tijeras, a la par que señala una costura diferente en el corpiño. Había desmontado la cremallera y le habían cosido la prenda sus amigas. Mañana se contarán la hazaña y se reirán.
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