lunes, 11 de noviembre de 2013

El solo de batería.

Ya había pasado el verano, el común bronce del estío había abandonado su piel y de su cabellera, un rebelde mechón, ensortijado azabache, señala la avellana de su ojo derecho. Gira la cabeza en atención al solo de la batería, la palidez de su piel es mucho más notoria en el cuello expuesto y justo en el punto en el que la media luna del escote de la espalda termina y el hombro deja de ser visible, asoma el cuerno de un unicornio, tinta bajo piel. Me tiene loco la colonia infantil, hasta que otro golpe visual me vuelve a dejar fuera del concierto, la manicura bermellón de su mano izquierda sube por su cuello y se detiene en forma de masaje en el lóbulo de su oreja...

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