Por la mañana dejaba a los niños en el colegio. De vuelta a casa en busca de refugio, la tiranía del invierno imprimía velocidad a sus pasos. Al abrir la puerta, las zapatillas y el pijama en el radiador le dieron la bienvenida. Puso a funcionar la cafetera y recogió el desastre que las fieras habían dejado en casa. Despejó la mesa del comedor y dispuso sobre ella el temario de sus estudios. La cafetera inundó con su aroma toda la casa y la retiró del fogón. Sonó el timbre de la calle, llegaba el profesor. Se miró en el espejo, se pellizcó las mejillas, se mordió los labios y se recogió el pelo en un moño. Un claro entre las nubes dejó deslizarse unos rayos a través de las ventanas.
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