Llegó
al garaje en su coche y al pasar por el jardín de la finca, camino de
la casa, escuchó un ruido poco habitual
-¿Quién anda ahí? -preguntó.
Ante la falta de respuesta, corrió a casa en busca de la escopeta de
caza y avisó por teléfono al vecino. Así, armados y alarmados,
salieron los dos en pos del extraño ruido. Una vez localizado y
sin posibilidad de matarse mutuamente, ambos dispararon. El ruido cesó y
dieron por supuesto que el intruso había huido, así que se retiraron a
su casa. Durmió tranquilo y a la mañana siguiente recibió llamada de su
vecino.
-Ayer matamos a mi burro, ayúdame a descuartizarlo, que lo voy a
meter en el congelador.
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