La sedación hacía el transito más fácil, nos había dicho el doctor. Seguro que tenía razón, pero desde fuera se veía de otra forma. Los pulmones encharcados no le dejaban respirar. La mascarilla de oxígeno amplificaba el fragor del aire al pasar por su exhausta garganta. La fiebre se notaba en mis manos apoyadas en la barandilla de la cama. El temblor que le provocaba y su posición, le hacían parecer una presa que huía del lobo que lo perseguía. De repente abrió los ojos, hacía tres días que no los abría. La respiración se entrecortó, se detuvo, un par de estertores, se acabó la agonía.
Avisé a la enfermera con un breve "Ya". Repetí el mensaje a mi hermana a través de SMS. El médico certificó a través de electro cardiograma que se había acabado la carrera. La palabra "papá" dejó de tener destinatario en mi boca. Hoy hizo dos años a las 3:12 am, aún guardo el SMS en la memoria de mi teléfono.
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