Era un día de esos. Un día de persianas bajadas y ventanas abiertas, de
ruido de segadora y ronquidos de siesta, de sudor en el pecho y olor a
sexo, de paseos desnudos hasta la nevera y trago largo de agua fría, de
vuelta a la cama y volver a follarse, de ducha compartida y extenuación.
Era un día de esos.
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