Cuando Marta decidió que a los cincuenta años su vida sedentaria se acababa, escogió una furgoneta como modo de vida. El dinero del que disponía para comprarla no era el suficiente para escoger la Volkswagen Transporter que a ella le hubiera gustado. Se tuvo que decidir por una Ford Transit de carga, reformada con mucho trabajo de los amigos que la apoyaron en su nuevo proyecto. Un lavado de cara, unas flores pintadas por dentro, cortinillas en las ventanas, los muebles decorados con motivos marinos y su taza de desayuno favorita, convirtieron el espacio de carga del vehículo en su hogar rodante. Le gustaba viajar por carreteras secundarias buscando los mercados de los domingos de los pueblos para abastecerse para toda la semana, pero sobre todo, por el pan.
Con cinco años, el camino desde su casa hasta el pueblo donde había escuela era largo. Y en invierno, doloroso para los pies y las orejas. Marta caminaba aprisa para entrar en calor pero, sobre todo, para llegar al cruce donde el panadero la esperaba para acercarla hasta el pueblo. La furgoneta de reparto era una de aquellas viejas Dyane 6 con habitáculo de carga trasero de chapa corrugada. Marta abría la puerta y recibía un monumental abrazo de calor de obrador y de olor a pan. Se sentaba y daba los buenos días a Evaristo con ese tipo de sonrisa infantil que deja a la vista los dientes y oculta los ojos detrás de una línea dibujada entre los párpados. Ya en marcha, Evaristo le daba un riche y a Marta el calor en sus manitas le parecía que le iba a llegar hasta su corazón.
Todos los días compraba el pan necesario para el día y siempre buscaba un obrador de pan. Cada vez que entraba en uno, recordaba a Evaristo, la Dyane 6, y el frío que se le quitaba cada vez que entraba y le daba los buenos días. Volvía a su Ford con una bolsa para el pan hecha de ganchillo y la compra del día. Al sentarse en el asiento del conductor, dejaba la bolsa en el asiento del acompañante, pellizcaba un trozo de pan, dejaba que la furgoneta y su corazón se inundaran con el olor y entonces pensaba que su Ford era mejor hogar que ninguna Volkswagen.
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