Se
puede vivir sin el brazo derecho, pensó resignado y un dolor fantasma
recorrió el espacio donde antes estaba su diestra. Su otra mano fue en
auxilio de su compañera ausente y el frío tacto de la mesa de granito
puso todo en su sitio. Un ataque de furia le hizo lanzar la taza contra
la pared de la cocina. Sin habilidad en la mano, la taza acaba contra el
espejo. Echará de menos su brazo toda la vida, aunque pueda vivir
sin él.
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