EL PODER corrompe a la gente.
Esa idea
es una equivocación, ya era un corrupto antes de acceder AL PODER , solo
que no disponía de la fuerza necesaria para hacer en su propio
beneficio.
El caso es que se trata de un camino que la mayor
parte de las veces siguen los pardillos de clase (aquellos que se
llevaban las collejas de los demás, pero no por tener gafas o por ser
tímidos, si no por chivarse al profesor) Un día, por no se sabe
que motivo, los compañeros lo designan delegado de clase y ese día se
jodió todo, el corrupto descubre EL PODER como muleta para su
minusvalía. Empieza a tratase con otros mezquinos, entre los que
se encuentra aquel que tiene de todo porque su familia es adinerada. Y
se hacen amigos, y descubre un vasto mundo que está justo detrás de la
reja de su ajustado bolsillo. Da igual, el corrupto lo desea y ha conocido EL PODER. Sabe que solo le falta una muleta para su otra minusvalía, el bolsillo. Así que decide que debe tratarse con la gente adecuada y sus actividades deben de aproximarle a ese mundo. Va
al mismo gimnasio que su amigo el rico, va a los mismos locales de
copas, estudia empresariales (o derecho, que de la casta de los
leguleyos también se nutre la caterva de los corruptos) y ¡Oh albricias!
abraza su fe política y se afilia al partido. Se desloma estudiando, pero un poco menos que por el partido. Pega
carteles, organiza agendas, hace cuadrar números que a ojos de
cualquier matemático serían una burla, llama a teléfonos que en un
principio le son desconocidos, pero que memoriza en la primera llamada. En
la segunda llamada trata a su interlocutor como a un igual, con
respeto, pero con la confianza que se tiene con alguien a quien se
conoce de toda la vida. En el fondo los odia a todos, pero no porque sean despreciables (que lo son) sino porque tienen algo que él quiere, EL PODER. Acaba
sus estudios con nota, se casa con su novia y encuentra un trabajo que
le da para vivir bastante bien y lo desempeña con soltura, como aquel que
juguetea con un bolígrafo entre los dedos, pero eso no es bastante, porque él
sabe que todo eso es un estado intermedio, una transición hasta lo que él quiere de verdad, EL PODER. Hasta que recibe una llamada, la
llamada que lo invita a ir como número tres de la lista electoral de su
partido por el ayuntamiento.
-Malditos bastardos, el tercero de la lista ¿Solo el tercero de una lista que no va a ganar?
Pero solo lo piensa y evidentemente dice que sí.
Su
lista logra cuatro concejales, así que da el Do de pecho y durante
cuatro años su voz denuncia tantos tejemanejes de la corporación
municipal, que en el partido se le mira con otros ojos. Pero sabedores
de que seguirán siendo la segunda lista, no lo mueven del escalafón. Así
que vuelve a concurrir tercero de la lista de su partido, pero esta vez
logran cinco concejales y el pardillo se da cuenta de la jugada. Tiene
una pequeña cuña en el partido que le cuenta pequeñas confidencias. En
concreto la secretaria del número uno del partido a nivel provincial.
Era
un cardo cuando iba al instituto, pero a ella también le gustaba EL
PODER y a base de combate en el gimnasio, en la Facultad de Derecho y
algunas visitas al cirujano, pagadas por su amante cincuentón, la
secretaria tiene un cuerpazo. El pardillo y la secretaria se follan el uno a la otra y viceversa. Y entre salivas y sudores, se cuentan pequeñas confidencias el uno a la otra y del revés. Y sucede lo impensable, de repente logran cinco concejales y un tercer partido logra un concejal. Y
así empatados los dos partidos, y con un partido bisagra, hace falta un
pico de oro que convenza al advenedizo de que la opción buena es la
del, hasta ahora, grupo opositor. El partido recurre al pico de oro del pardillo para
que logre ese escaño. Y lo llaman. Esta vez el pardillo los
tiene agarrados por los cojones, sabe que tiene EL PODER, así que lo
ejerce:
- Es muy fácil, quiero la concejalía de urbanismo.
Mola
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